Edward Hopper en el Nilo Azul…

Son tres las cosas que más me llaman la atención en la obra de Hopper. La primera es que la gente que aparece en sus cuadros siempre lee o mira algo o a alguien. Leen cartas, libros, revistas. Miran a través de ventanas, con los codos apoyados en las barras de un bar, en salas de espera.

La segunda cosa son las sombras. Los cuadros del pintor americano parecen transcurrir permanentemente entre la última hora de la tarde y la primera de la noche. Incluso cuando la luz de la mañana se cuela por una ventana tiene un tono crepuscular.

La tercera es la soledad de los personajes que retrata. Pocas veces se aprecia con nitidez el rostro de sus modelos. Siempre están solos. Siempre están tristes. Y hace muy pocos días alguien (que puede que esté leyendo esto y seguro que guardará el secreto) me dijo: ¿Pero por qué una mirada tan triste?

Ahí van seis minutos de cuadros de Hopper acompañados por el “Saturday Nigth” de los escoceses The Blue Nile. Más que disfrutable.

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7 pensamientos en “Edward Hopper en el Nilo Azul…

  1. Este, en concreto, lo fotocopié hace años (en un colegio, en Priego de Córdoba) y lo tuve en mi piso de alquiler, pegado con chinchetas a la pared junto a Audrey Hepburn, una cara enorme de Jimi Hendrix (fue mi etapa purple haze) y (creo, no estoy seguro) el cartel de la película Anatomìa de un asesinato, la de James Stewart, que acababa de ver y me encantaba. Me encanta todavía. Hopper era el pintor no-pintor: eran fotografías. Tampoco eso. Sus personajes los imaginaba zombies, no-seres, entes que deambulan una ciudad detenida. Además (inevitablemente) me cruzaban por la mente al ver el cuadro montones de escenas de cine negro. Me inventaba el resto. Ah, sí, junto a esos cuadros (hago memoria, es tarde, tengo sueño, es lunes) tenía una de una negrita con pechos picudos y pezones enormes, preñada de muchísimos meses. Me encantaba esa foto. No las quité y siempre, cuando venía gente a mi casa (viví solo casi seis meses) me preguntaba por Hopper, por Audrey (algunos no la conocían, cafres) y por la preñadita de color. Hoy, viendo tu cuadro, leyendo tu post, me ha venido esa época feliz. Lo fue. La memoria tiene esos muelles. Resortes.

  2. A mí la pintura de Hopper me lleva a los libros de Henry Miller. Zombies (dices bien, Emilio) que deambulan por la ciudad en busca de que les ocurra algo, cualquier cosa. El “Nighthawks” que aparece por defecto en la presentación del vídeo me gusta en especial. Hace unos años visité una exposición que el Reina Sofía había preparado sobre Hopper, pero no incluía ese cuadro. La calle tan iluminada y tan vacía, y dentro del aséptico bar cuatro personas y solo dos juntas que ni siquiera se miran (aunque hacen ademán de hacerlo). Me gusta mucho ese cuadro.

    Tú colgabas fotos de la Hepburn o de mujeres embarazadas y yo colgaba poemas o fragmentos de canciones en las paredes. Cada loco con su tema que diría Serrat.

    • Da la impresión de que es así. Viven un momento que no olvidarán, estén solos o tristes. Tal vez por ellos les inmortalizan en pintura. Buena observación. El cuadro de la mujer desnuda sentada sobre su cama con las ventanas abiertas es sencillamente impresionante. Toda historia condensada en un segundo.

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