Más allá del arcoiris…

No es casual que la canción central de “El Mago de Oz” sea trascendental en el desarrollo de “Australia”, la última película de Baz Luhrmann. Los soñadores (como lo es él) tienden a caminar sobre alambres a falta de adoquines amarillos. El problema reside en que si no crees en lo que haces terminás precipitándote en el vacío.

Luhrmann ha coqueteado con el desastre toda su carrera, cosa que le honra, es valiente, pero tarde o temprano debía caer. Lo que no esperaba es que fuese por su falta de fe en un nuevo proyecto descabellado como lo fueron “Romeo + Julieta” y “Moulin Rouge”. “Australia” podría ser mala de no ser porque es peor. Todo en ella huele a rancio, a ya visto, a paladeado miles de veces. Su argumento recuerda la peor novela rosa desvergonzada tan desprovista de pudor (punto a su favor) como de estructura.

La trama sigue los pasos de una noble inglesa que recién llegada al antiguo país prisión, se encuentra con un marido al que no quiere asesinado y con un rancho del tamaño del estado de Maryland que dirigir. El recurso a los lugares comunes y a los personajes estereotipados no faltará. Tenemos al malísimo que no duda en matar a quien le plante cara (David Wenham), al niño repelente que Lurhmann utiliza para insertar su “crítica” social (cuestión que parece importarle un bledo en relación a las cabalgadas de Drover, ese muchomacho interpretado por Hugh Jackman) y, por supuesto, aparecen montones de dóciles secundarios dispuestos a entregar su vida (que por algo son secundarios) para mayor gloria de la pareja protagonista.

En su modo de rodar, el director australiano abusa del efectismo más trivial y de la pose. Lo ha hecho siempre, pero en esta ocasión deja ver sus cartas con demasiada frecuencia. Ni siquiera lo espectacular, cuestión que el domina, lograr sacar del hastío su larguísimo e insustancial metraje. Media docena de momentos remarcables no salvarían de la pira una cinta que ni un bombardeo japonés (parece imposible, pero éste es más aburrido que el rodó Michael Bay en “Pearl Harbour”), ni una estampida de reses (al más puro estilo “Río Rojo”) consiguen dotar de vida. La presumible “decisión” del director (parece que la Fox le aconsejó hacerlo) de cambiar el trágico final previsto por un edulcorado happy end supone la puntilla final para dos horas y media de sufriento enlatado más próximo al mundo de Oz que a las áridas tierras de Kansas.

Tan duro fue el trago que resulta difícil recordar los escasos buenos momentos que atesora “Australia”.  Tal vez el primer e inesperado beso de Drover y Sarah. Tal vez cuando los dos protagonistas buscan refugio final en su rancho antes de la que crecida del río les aísle durante meses del resto del mundo. “Solos tú y yo”, dice Lady Ashley… Y Dorothy canta y une sus pies diciéndo aquello de: “En ningún lugar se está como en casa”. Y cuando cesen las lluvias él volverá a marcharse, pero mientras llueva…

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2 pensamientos en “Más allá del arcoiris…

  1. Vaya… no esperaba gran cosa de ella (aún no la he visto) pero tampoco que fuera tan rematadamente mala como dices… después de leer esto (me fio mucho de tu criterio y de tus gustos, que son tan parecidos a los mios) no sé si me animaré a verla…

  2. Bufff, es que es mala de narices. Un pastelón indigesto para incluso para el más fiel de sus fans. En cualquier caso, y como suelo decirte, ve a verla si dispones de tres horas libres y estómago para ello. Tiene algunos momentos dignos de recordar. No muchos, pero alguno tiene.

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