Un Breve Resumen Antes de Continuar…

Está a punto de acabar un año horrible (el peor de mi vida sin duda) en el que he conocido a muchas personas y me he alejado de otras tantas. Y es ahora el momento de recordar la mejor navidad de mi vida…

Sobre la medianoche de la Nochebuena de 2001 me senté en un banco de plástico de un hospital para escuchar la radio. Sintonicé una emisora en la que entrevistaban a Constantino Romero (siempre tan desaprovechado). El artificiosamente entusiasta locutor le preguntó cómo pasaría el día de Navidad. Él contestó que lo haría solo…

“Respeto a la gente que celebra este día. Yo no lo comparto”

Tengo grabada en mi memoria aquella frase. Fui entonces a la habitación de mi padre. Descansaba en la número 101. Mi madre lo hacía a su cabecera, siempre a su lado. A eso de la medianoche, abrí su puerta y les vi durmiendo a los dos cabeza con cabeza. No les molesté y la cerré con cuidado para volver al gélido pasillo y escuchar la letanía de Constantino. Mientras lo hacía, sonó un crujido de hielo chocando contra un cristal duro. Es muy probable que el actor y presentador estuviese tomando un whiskey o un bourbon mientras concedía aquella entrevista. Me alivió saberlo. Para finalizar su intervención dijo:

“Fui feliz una vez en Navidad, pero ya no lo recuerdo”

Hace tres años fui a ver “La Joya de la Familia” la madrugada de un día de Reyes. Me presentaron mi futuro con suficiente antelación como para aceptarlo, pero fui incapaz de asumirlo. Y hace tres años era razonablemente feliz y hacía razonablemente felices a mucha gente, pero quería más. Siempre quiero más, ese es un gran problema. Y las cosas han cambiado desde entonces.

En este año que acaba me he alejado definitivamente de la gente que formaba mi rutina. He conocido también a mucha gente especial. MK es increíble: atribulada (como yo la defino), cariñosa, sensible… Sus llamadas (no tan frecuentes como desearía) son el preludio de una hora de paz. Nunca olvidaré su cara de asombro al ver la muñeca, sentada en las maderas de un bar, que le regalé en su ciudad. Y está Emilio a quien tanto agradezco que se haya posado en mi vida. Está el Sr. Yume, del que no sé nada hace tiempo, y Carles, un tipo genial. Y está ella, a la que quiero y querré devotamente. Está la chica Palatina, persona especial con quien compartí un par de tardes inolvidables y que se hace querer aunque me temo no ser correspondido y temo no volver a ver más. Y está Amaya… ella es especial, alguien de quien desearía estar más cerca porque es realmente es espectacular. No está mal teniendo en cuenta lo reticente que era a los encuentros con gente “de mentira”.

Aquella noche de 2001, mientras veía estallar los fuegos artificiales, Charo, la hija del compañero de habitación de mi padre, posó su mano en mi hombro. Juntos y en silencio vimos los cohetes surcar el cielo durante veinte minutos. Después me dijo que no me preocupase, que todo saldría bien. Pero no salió bien. Y a eso de la una, las enfermeras repartieron sidra en vasos de plástico a los que estabamos todavía en pie.

Diecisiete días después mi padre salió de allí por su propio pie. Fue mi mejor navidad.

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