Bailando en un Aparcamiento Vacío…

Decía Paul, amigo de Kevin en “Aquellos Marvillosos Años”, que la gente cambia.

Convencido ya de que los milagros no se dan o se dan en una sóla ocasión (lo que no deja de ser una angustiosa revelación), hoy paseaba sobre las dos por las mojadas aceras de Cucumberland cuando me encontré otra vez con el coche averiado que pide ayuda…

Continua en el mismo lugar en el que lo vi por primera vez (la foto es de entonces).

Mi visión de la vida cambió un mes de abril. El ser testigo de la lenta muerte de alguien muy querido al que has dedicado siete años de tu vida y el escuchar cada día sus revelaciones sinceras (marcadas por la morfina), sumado a los acontecimientos que le siguieron hace que las cosas adquieran otro significado. Me contó cosas que desconocía sobre el cómo conoció a su mujer (mi madre) y cómo se celebró su boda clandestina. Me hizo llorar en muchas ocasiones, no es frecuente ver a alguien tan rendido a otra persona. Me dijo que sabía que iba a morir, que sin ella no quería vivir, que yo debía pelear porque tenía malas cartas: “Eres un sentimental, como tu madre, vas a sufrir mucho”, me dijo. Al día siguiente de irse, metí bajo mi almohada su única foto de boda. Ella, guapísima, aparece vestida de negro, observándole embobada, y él mira la cámara con expresión asustada, como si la vida le debiera aún algo.

Mi madre me dijo una vez que debía contar su historia: “Escribe sobre lo que vivieron tus abuelos, sobre tu padre y sobre nuestra historia”, me dijo. Me sorprendió que me dijera aquello. No tengo ese don, no sabría contar todo lo que les ocurrió. Su historia es aún más dolorosa al desarrollarse en un mundo envarado sin opciones de futuro a la vista. Y su historia, me temo, acabará conmigo…

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