¿Borracho yo?…

“Por el alcohol, origen y solución de todos los problemas del mundo”

Homer Simpson

Con frecuencia el cine ha mostrado a los alcohólicos a modo de contrapunto cómico. No fue hasta los años cincuenta que se empezó a ver la adicción a la botella desde otros puntos de vista. Y es a ellos, a los que empinan el codo porque les da la gana, a los que tienen mil razones para evadirse y a los que no pueden evitar el hacerlo, está dedicada esta galería de borrachos de cine…

HISTORIAS DE PHILADELPHIA (1940)

Macaulay Connor (James Stewart)

Macaulay era un niño rico acostumbrado a salirse con la suya. Y si quería a la chica (Katie Hepburn), sería suya costase lo que costase. Total, pagaba papá…

Contaba Jimmy Stewart que grabó la mítica escena en la que  completamente borracho se lamenta de su mala suerte, después de pasar toda la noche bebiendo whisky con otro miembro del equipo. Sin embargo, no son pocos quienes afirman que sólo una persona sobria es capaz de dar credibilidad a un personaje ebrio como él lo hizo. Y qué más da, si al final la chica siempre prefería a Cary Grant.

CÓMO MATAR A LA PROPIA ESPOSA (1965)

Stanley Ford (Jack Lemmon)

Ocurre en ocasiones que las juergas con mucho alcohol de por medio y con chicas saliendo de tartas gigantes…

… acaban con resacas bíblicas y con anillos en dedos que no son los del tipo que se despide de la soltería. Así le ocurrió a Stanley (Jack Lemmon), dibujante de comics con una vida perfectamente diseñada para ser feliz sin la presencia permanente de mujeres en su rutina. Y aunque la chica era Virna Lisi, todo habría ido mejor de hablar ella el idioma y de no llevarse a su mamma consigo al nido de soltero de Stanley.

Despreciada por muchos, venerada por otros tantos, “Cómo Matar a la Propia Esposa” es una delicatessen digna de ser degustada en cualquier momento. Mejor si es con un vaso de vodka en la mano (por entrar en situación, vamos).

DÍAS SIN HUELLA (1945)

Don Birnam (Ray Milland)

Uno de las primeros en tomarse en serio el problema del alcoholismo fue Billy Wilder en “Días sin Huella”. El público de la época se horrorizó al ver la bajeza que era capaz de alcanzar su protagonista con tal de lograr un trago más. Don (Ray Milland), escritor de cierto éxito, comienza a beber para tratar de superar un desengaño amoroso. Sin darse cuenta se verá absorbido por un vorágine que le destruirá moral y anímicamente. Capaz de robar a sus mejores amigos, su punto más bajo llegará cuando sustraiga el abrigo de Helen (Jane Wyman), enamorada de él y la única persona que se mantiene a su lado durante su caída, para comprar una pistola que le permita dar mayores golpes o dirigirla contra su sien cuando la situación se vuelva insoportable. Será ella quien se ocupe de reconstruirle mientras él sigue escondiendo botellas en las lámparas.

DESAYUNO CON DIAMANTES (1961)

Los tipos de la enloquecida fiesta en casa de Holly…

Si algo se le daba bien a Blake Edwards era dotar de vida a una fiesta filmada. En la que ofreció Holly Golightly (Audrey Hepburn), todos parecían tan animados que resulta dificil creer que los vasos no contuviesen alcohol. Mención especial merece el borracho que trata le ligar con todos los allí presentes (su reflejo en el espejo incluído), y el momento en el que Holly le prende fuego al vaporoso sombrero de una de las asistentes. Escena en la que Edwards mostró su filosofía: Los problemas se resuelven por sí mismos y si no tienen solución, para qué preocuparse.

LOS SIMPSON

Barney Gumble

Una época pareció terminar el día que el borracho oficial de Springfield aparcó su adicción para enderezar su vida. Se convirtió en piloto de helicópteros y sustituyó la cerveza por los cafés moka. Puede que su autoestima saliese ganando con el cambio, pero desde aquel día Homer se quedó solo y el cine perdió un prometedor talento. Y es que  el corto autobiográfico que dirigió es supremo…

DÍAS DE VINO Y ROSAS (1962)

Joe Clay (Jack Lemmon)

Todo parecía funcionar en la vida de Joe: Su trabajo le satisfacía, no hacía mucho tiempo que se había casado con una chica preciosa y acababa de ser padre. Sin embargo, el peso de los días se hacía cada vez mayor. Encontró solución en el bourbon, la ginebra, el whisky… Cuándo bebía el mundo parecía no ser tan amenazador. El problema consistió en que Kristen (Lee Remick) se tomó al pie de la letra aquello de “en la salud y en la enfermedad”, y si Joe caía ella caería con él. Al final de una de sus cogorzas a duo la vio tirada en suelo… y no hay mejor terapia para cambiar el estado de las cosas que ver sufrir a la persona que más quieres…

LA INGENUA EXPLOSIVA (1965)

Kid Shelleen (Lee Marvin)

El Oscar más aplaudido de la historia (muchos minutos en pie) se llevó Lee Marvin al interpretar al borracho más borracho del oeste.

Una joven deseosa de vengar la muerte de su padre (Jane Fonda) recurre a Kid para que le ayude a enfrentarse a los todopoderosos tipos del ferrocarril. Y aunque a duras penas podía sostenerse a lomos de su caballo, Kid resultó ser una ayuda de lo más efectiva. Y si llega a estar sobrio funda su propio imperio…

BARFLY (1987)

Henry Chinaski (Mickey Rourke)

No puede elaborarse una lista de alcohólicos sin que el nombre de Bukowski asome las orejas. Sería como un día sin noticias de Obama en televisión o una revolución portuguesa sin claveles introducidos en rifles.

Henry es un tipo asqueado de sí mismo que sólo tiene una misión diaria: alcanzar ebrio la noche. Todo el mundo le ha fallado y él ha fallado a todo el mundo, nada que tiene que ganar ni que perder. Su adicción ha alcanzado el axioma del borracho de El Principito: “Bebo para olvidar que tengo vergüenza por beber”. Así, entre peleas y ligues de una noche con mujeres tan desarraigadas como él, aparece un día Tully (Alice Krige), editora interesada en los cuentos de Henry y en él mismo. Y si creen que en la literatura de Bukowski había lugar para la esperanza, se equivocan…

LA BATALLA DE LAS COLINAS DEL WHISKY (1965)

Un montón de mineros irlandeses, unos cuantos indios Sioux, la liga de la decencia femenina y, en medio, el coronel Gearhart (Burt Lancaster)

Se acerca el duro invierno al oeste americano y los rudos mineros esperan con ansia el cargamento de whisky que hará más soportables las temperaturas bajo cero. Pero resulta que también los Sioux están interesados en el agua mágica. Y cómo no, las mujeres de la liga de la decencia han decidido que no quieren borrachos en sus calles. Tratando de moderar todo el embrollo, el coronel Gearhart (encargado de custodiar el cargamento), se las verá para hacer comprender a los hombres que deben elegir: alcohol o mujeres… Y teniendo en cuenta que los mineros son irlandeses la respuesta está clara…

Divertidísima comedia para un sábado de helado invierno…

EL DORADO (1967)

J.P. (Dean Martin)

Había que ser Howard Hawks y tenerlos cuadrados para hacer la misma película en un lapsus de siete años y que ambas le salieran bien.

Un sheriff completamente sumergido en la bebida tras un desengaño amoroso (Martin) pide ayuda a un viejo camarada (John Wayne) para hacer frente a una peligrosa banda de forajidos. A ellos se unirá Cole (James Caan) y juntos jugarán una partida perdida de antemano. El sentido de la amistad y del honor, junto al higado incorrupto de Dean Martin, dan forma a una obra maestra indiscutible…

Alguna de Dino tenía que salir, él que apadrina este posteo…

LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR (1988)

Andreas Kartak (Rutger Hauer)

Un inmigrante de la europa oriental, que vive bajo un puente y se alcoholiza a diario para soportalo, recibe un día la inesperada visita de un tipo extraño que le da una gran cantidad de dinero para que se la ofrende a la imagen de una santa. Desde ese día, Andreas comenzará a rehabilitarse para ser digno de realizar tal ofrenda. Una preciosa fábula sobre la dignidad y el orgullo de los que piensan que nada tienen que ofrecer. Una quimera, una joya imprescindible firmada por el entonces anciano Ermanno Olmi.

UNA ÚLTIMA COPA (1996)

Tommy (Steve Buscemi)

Steve Buscemi debutó en la dirección con esta apreciable película sobre lo que ocurre en los bares cuando nadie mira. Alianzas desesperadas, flirteos con chicas adolescentes, confidencias con el extraño que se sienta al lado y desesperada búsqueda de la felicidad en el fondo de una copa. Buscemi no concede treguas, es realista en su modo de concerbir el mundo: los trabajos caducan, como el amor, incluso el alcohol cede en su efecto. Y la solución para la desesperanza siempre es una última copa…

LEAVING LAS VEGAS (1995)

Ben Sanderson (Nicholas Cage)

Cuando Ben decidió morir bebiendo en Las Vegas era consciente de que no le importaba nada, ni le importaba a nadie. En su degradación, les decía a bonitas cajeras del banco al que acudía a sacar dinero, lo que les haría en una cama si tuviera ocasión y el alcohol lo permitiese. Al llegar a la ciudad del vício, se enamoró de una prostituta tan desarraigada como él. Ella se quedó a su lado hasta el final. Y Ben no estaba acostumbrado a este tipo de cosas. Tal vez el milagro debió ocurrir antes de que todo fuese irremisible…

CORTOS (Y ALGÚN LARGO) DE CHARLIE CHAPLIN

Borrachos sin identidad

Chaplin utilizó la figura del borracho con frecuencia en su primera etapa. Les presentó como tipos divertidos incapaces de dar un puñetazo en la cara del pequeño vagabundo. Afotunadamente, él era abstemio. De las que se libró…

PIJAMA PARA DOS (1961)

Jerry Webster (Rock Hudson)

En la obra maestra de Delbert Mann, que injustamente ha pasado a la historia como una película más de trío Hudson-Day-Randall, el director ofrece una visión de la guerra de sexos pasada por el tamiz de los primerizos años sesenta: Faldas de tubo, poses de machito y mucha inseguridad oculta tras ella. El poder femenino amenazaba el patriarcado y Mann supo interpretar la situación presentando equívocas escenas en las que los hombres quedan embarazados y las mujeres toman cualquier decisión. En otra palabras, el atavico y castrador miedo del macho a perder su privilegiada posición.

La escena etílica en cuestión es aquella en la que los científicos de la compañía en la que trabajan Hudson y Day presentan su nuevo descubrimiento: las galletitas VIP. Irresistibles bocados de chocolate cubiertos con una fuerte capa de alcohol. Los directivos (cobayas involuntarios) de la compañía los probarán y acabarán colocando billetes de dolar en los bañadores de coristas de la calle 42, o midiendo niveles de agua en las cataratas del Niágara o en Nuevo Mexico, como testigos de bodas inesperadas.

Imprescindible maravilla de la decadente comedia sixtie…

Y se acabó (que ya está bien)…

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4 pensamientos en “¿Borracho yo?…

  1. Un amigo mío, al que veo cada vez menos y menos y menos, vecino tuyo, por más señas, decía “darse a la bebida” y se golpeaba la cabeza con el vaso de tubo. No movía el vaso. Movía la testa. El vaso, añadía, era sagrado. Me he visto todas las pelis que citas. Por primera vez en muchos de tus posteos, las he visto todas. Y me quedo con Dean Martin y ese borracho sentimental. El borracho de Leaving Las Vegas es durísimo y recuerdo que me impactó. Hasta aprecié a Cage como actor. Luego vinieron los flirteos con los cómics y con los peinados frikis, pero ésa es otra historia… También me he acordado de Tom Waits. Curiosamente. El gran bebedor del rock. No hay que olvidar a Keith Richards. A tantos. Pero Waits llevaba el subidón etílico al estudio de grabación y ponía el alma con el hielo que quedaba frente al micro. “There’s an old man sitting next to me making love to his tonic and gin…” Esa era también una estupendísima canción sobre bebedores totémicos. Gran post.

  2. Bueno, este posteo está dedicado en tu honor, Emilio. Fuiste tú quien me sugirió la idea de que el Jack Lemmon de “Días de Vino y Rosas” no era un perdedor. Y no lo era, desde luego. Vencido, tal vez, pero no un perdedor. Supo rectificar cuando las cosas se pusieron feas.

    Tom Waits es al alcohol lo que Pelé al fútbol, un todo. Sin Waits dándole a la botella pocos argumentos le quedarían al mundo de la música. Algunas de sus canciones, como el Tom Traubert Blues estremece. Waltzing Mathilda…

  3. Es un dios caprichoso y huidizo que ahora se ha humanizado y ha dejado la botella, leí en El País hace bien poco, y se dedica a sermonear a que los demás, los nuevos, no se enfanguen en toxinas y en deliriums. Hace bien. No es buena la defensa a ultranza del etilismo puro y duro, pero soy de la opinión que para escribir algunas de sus canciones el autor tenía que estar mal, estar bebido, estar hecho virtualmente polvo. Él lo estaba. Digamos que para escribirlas tenía que sacrificarse. Harakiri artístico. Yo escribo, yo desaparezco. En literatura hay casos notables, pero ahora me conmueve Waits. Me busco algún disco y lo pongo esta noche cuando se me vaya nublando ya el tino (por el sueño, por el sueño…)

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