Mujeres…

Me sentó fatal dormir en aquella litera del tren estrella Barcelona-San Sebastián. Un sudor frío recorría mi frente cuando observaba las primeras luces iluminando Pamplona. Una hora más tarde, bajé del vagón tras una chica que era incapaz de abrir la puerta “porque no habré desayunado”. Eran las siete y media de la mañana. Pasé las dos horas siguientes sentado en la playa bajo una fina lluvia mirando el Cantábrico. Hasta que comenzaron a llegar las primeras oleadas de gente y entonces comencé a recorrer la ciudad. Suelo llevar siempre un mapa de la ciudad que visito, en una buena medida de protección. Pero en esta ocasión mi único apoyo era un croquis dibujado unos días antes por una donostiarra a la que quiero mucho y echo de menos, en la hoja de una libreta…

No imaginé que fuese a necesitar nada más. Y aunque me perdí varias veces no necesité más…

El protagonista de “En la ciudad de Sylvia” iba armado con un mapa pintado en un posavasos y un cuaderno de apuntes, tampoco necesitó más. La película y su director (José Luis Guerín) son la muestra perfecta que necesito. O les odias o les adoras.

La historia de un tipo en busca de la única mujer a la que ha querido es a ojos de Guerín un catálogo de gestos e imagenes inconexas que buscan el todo como fin. La expresión poética convertida en imágenes para expresar sensaciones y sentimientos.

En una escena de “El Ladrón de Orquídeas”, Charlie equipara las orquídeas con las mujeres. Las hay tímidas, descaradas, consecuentes, alocadas, pragmáticas, contradictorias. En ocasiones varias variantes confluyen en la misma mujer y es entonces cuando sabes que te hayas ante alguien especial que requiere el mismo tacto y cuídados que precisa una orquídea. Así lo entendió Charlie Kauffman. Guerín adopta la misma filosofía, escruta rostros de mujeres en busca de la belleza perfecta, que no tiene porqué ser simétrica aunque sí luminosa. Su película supone una vuelta de tuerca a la incursión de Truffaut en “El Hombre que Amaba a las Mujeres”. Sin embargo, su protagonista no busca incursionar en todas ellas sino conseguir el milagro de conocer a una sola. Es el misterio lo que le atrae, lo que se esconde detrás, lo que nunca estará autorizado a descubrir.

Guerín siempre había demostrado su pasión por el mundo oculto de las mujeres. Ese jardín secreto que rara vez muestran a los demás. En “Innisfree” cede un protagonismo residual a la perdida estudiante de Pittsburgh en busca de sí misma en Irlanda. En “Los Motivos de Berta” la protagonista es una adolescente que muta la realidad para hacerla asumible para sí. Incluso en su aplaudida “En Construcción”, las mujeres, que casi no aparecen, juegan el papel de masilla que une los cimientos de lo que está por construir.

Hay retazos de conversaciones en “En la ciudad de Sylvia” y hay momentos de vidas ajenas que el que mira enjoya y el que las vive desprecia. Y el hombre mira y busca… y puede que encuentre. Para Guerín lo importante siempre es el camino y no el resultado.

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5 pensamientos en “Mujeres…

  1. Uys, es que los coches cama nunca han sido lo más cómodo para dormir,aún recuerdo con horror la noche en blanco que pasé en un tren Zaragoza-Sevilla cuando fui con mi familia a visitar la Expo…

    Cierto, ¿qué fue de la Chica Palatina? Se le echa de menos… Ya te haremso un buen tour Alain y yo en tu próxima visita a Donosti, tour gastronómico incluido 😀

  2. A mí me gustó mucho, Mycroft. Cierto que abusa de un halo poético algo forzado, pero aun así es la película de Guerín más difícil y más hermosa. Conecté con ella, tuve suerte.

    Los coches cama son el horror, Amaya. En mis peores pesadillas descansa aquella cama de madera que destrozó mi ya maltrecha espalda.

    Creo que la Chica Palatina se fue de Madrid hace pocos meses. Sí que se la echa de menos. Aunque la vi pocas veces es una persona muy especial para mí. Además de ser la chica más bonita que he visto en mi vida, tiene un precioso aura.

    No creo que vuelva en muchos años por Donosti, Amaya, pero si vuelvo da por hecho que os avisaré.

  3. No lo sabía, de veras. Pensé que estarías lejos al reanudar tu vieja historia sentimental. Visito tu blog, sí. Siempre en silencio porque supongo que así lo quieres. Lamento si te has sentido ofendida. Y sí, te hecho de menos aunque apenas pude conocerte.

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