Ergo…

Durante los primeros días, cuando todavía tenía fuerzas para mantener una conversación, me pidió que le hablara de mi vida y yo le conté historias sobre mi madre, sobre el tío Victor, sobre mis tiempos en la universidad, sobre el desastroso período que condujo a mi colapso y sobre cómo Kitty Wu me salvó la vida. Effing dijo que le preocupaba lo que sería de mí cuando él la palmara (la palabra es suya), pero yo traté de tranquilizarle asegurándole que era perfectamente capaz de cuidar de mí mismo.

– Eres un soñador, muchacho -me dijo-. Tienes la cabeza en la luna y me parece a mí que nunca vas a tenerla en otro sitio. No eres ambicioso, el dinero te importa un pepino, y eres demasiado filósofo para tener ningún talento artístico. ¿Qué voy a hacer contigo?…

El Palacio de la Luna

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4 pensamientos en “Ergo…

  1. Hay libros e histórias en las que extrañamente nos reconocemos como si las hubieran escrito para nosotros.
    Aunque a veces mi empatía me juega malas pasadas , y llegado a identificarme tanto con cualquier heroina de Jane Austen , como de Verne ,
    como de la Dickinson , de las Brönte , como de las películas de los hermanos Marx…Siempre me han conmovido los papeles de desconcertada y atribulada que le tocaban a Margaret Dumont…

  2. preciosa preciosa preciosísima novela…has tocado a mi nacho vegas literario. tengo un libro firmado por él que miro de vez en cuando para ver si su firma sigue allí, o si acaso soñé ese encuentro…

  3. Buena recomendación… Es un libro fetiche como sabes Amaya, que cito con frecuencia en el mundo de mentira y en el real.

    Para escribir este libro creo que Auster me estuvo observando algún tiempo :p Hay muchos pasajes, como el que cito arriba, que transcriben mi vida de un modo literal. No hace mucho leí “Cumbres Borrascosas”. Una de las últimas frases de Heathcliff es tremenda. No la recordaba, hace mucho tiempo que no tocaba este libro. Libro pesimamente traducido, por cierto. Eso de castellanizar los nombres exige un esfuerzo extra por parte del lector.

    Era fantástica Margareth Dumont. No sé si sabes que utilizaba una peluca para disimular su calvicie. En una ocasión, los hermanos se la quitaron en pleno rodaje y comezaron a jugar con ella. La Dumont casi se muere del disgusto. Los Marx eran así, delante y detrás de la cámara.

    Preciosa, Laura. Es especial para mucha gente. Yo le he leído siempre en condiciones emocionales extremas. De algún, modo el leerla me ayudó. El azar y sus extrañas reglas…

    Qué suerte, un libro firmado por Auster. Detalles quiero…

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