Allí y Entonces…

Hace una semana comencé a leer un libro regalado por la biblioteca que frecuento: “Cine, Aquí y Ahora”. Desastrosamente editado por la Univerdad de Sevilla, contiene innumerables errores tipográficos y no pocas referencias de información imprecisa. Ni Frank Sinatra ganó jamás el Oscar al mejor actor principal (Pag. 59), ni John Ford obtuvo uno de los suyos (y ganó cuatro) por “La Diligencia” (Pag. 81). De hecho, resulta paradójico que el genuino padre del western nunca fuese premiado por uno de ellos. De ningún modo pretendo desacreditarles, al contrario, su pasión por el cine es contagiosa. El libro reproduce las conversaciones cinéfilas desarrolladas en Radio Popular de Sevilla y algunas críticas aparecidas en “El Correo de Andalucía” a manos de cuatro cinéfilos sevillanos que aparecen en la contraportada del libro luciendo patillas, gafas de pasta y ropas imposibles (el libro fue editado en 1974, culpen a la moda no a ellos).

Me lo he pasado de maravilla leyendo sus opiniones, a veces gastadas y casi siempre radicales, sobre películas y autores. Me han gustado especialmente los apartados dedicados a las incursiones en el cine de los Beatles o el dedicado a los blockbusters de la época (“Love Story”, “Aeropuerto”) más que los sesudos estudios obligados sobre Bergman o Losey. Comprensible es su defensa de un director sevillano que nunca despegó. Y cierto es que a la reflexión lleva su capítulo titulado, ¿Por qué vamos al cine?. Pero es un fragmento dedicado a “Perros de Paja” de Sam Peckinpah el que más me identificó con ellos:

Peckinpah repudia la violencia tanto o más que David Summer (Dustin Hoffman), personaje central de su película “Perros de Paja”. Pero la emplea para que sirva de vomitivo a los espectadores y se hagan partícipes de esta idea. Porque, en el fondo, no debemos olvidar el origen animal del hombre.

Eso es lo que a Peckinpah le hubiese gustado que todos pensaran.

Cuando tomo prestado un libro comunitario, como éste, me gusta observar la ficha e imaginar a las personas que alguna vez lo tuvieron en sus manos. La tercera y cuarta entregas me llamaron la atención. Dicen:

Mario  12 marzo 1984

Cristina  7 enero 1991

¿Siete años estuvo este libro almacenando polvo en una estantería? La pasión de sus autores no merecen tal castigo. Un libro se hizo para ser leído.

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