PO Box, Yokohama…

En marzo debí darme de alta en una biblioteca cercana a mi casa. Y digo debí, porque de veras que no recuerdo nada de aquello. Los dos primeros libros que saqué de allí fueron: La Tregua y 84 Charing Cross Road. Los leí en abril y los devolví después de haber cubierto el doble del tiempo por el me fueron prestados. Ambos libros me marcaron muy profundamente. El segundo de ellos, narra la relación epistolar que mantuvieron la escritoria y guionista norteamericana Helene Hanff y el librero Frank Doel. El libro se compone de una selección de las cartas que se cruzaron entre 1949 y 1969. Lo que en principio comenzó como una simple petición de libros por parte de Hanff, acabó en una relación escrita entre líneas. El humor socarrón de la escritora fue derribando los impecables muros morales britanicos de Doel en cada misiva. Luego llegó el regalo de una lata de carne por navidad o un inocente saludo para las hijas de Doel. Y después lo hiceron algunas docenas de cartas “infieles” entre Hanff y algunas intrigadas compañeras de Doel, juego del participó Nora, segunda esposa de Doel.

El encuentro entre ambos siempre encontró algun escollo que lo impidió, económico por lo general. Helene carecía del dinero suficiente para costearse un viaje a Londres y Frank, pese a estar más que dispuesto a alojar a la escritora en su casa, vivía al día. Al final de la novela, ya con los ojos humedecidos casi sin que te des cuenta, Helene Hanff visitará la tienda de Marks & Co. Se parará delante de la puerta y suspirará. Gran parte de su vida se encontraba en un lugar que nunca había pisado. Puedo imaginarla acariciando los libros que solicitaba como un modo de sentirse más cerca de Frank.

La noche del cinco de mayo de este año destruí las cartas que me crucé con el Sr. Makino durante años. Todas menos la primera de ellas, aquella en la que me contaba cómo había sido su regreso a casa y algunos detalles de sobre su recuperación. Lo hice influido por algo que ocurrió un mes antes de aquello, cuando presencié como mi padre destruía la maqueta de la iglesia local casi finalizada: “Si tu madre no puede verla terminada nadie lo hará”, dijo… Llevaba siete años construyéndola, era magnifica. Ligó los periodos de tregua que le concedía la enfermedad con su construcción, de modo que una vez estaba casi terminada veía algún detalle que no le gustaba y comenzaba de nuevo. Ya que la destinataria debía ser mi madre quería que la maqueta fuese perfecta.

En abril de 2001, cuado el Sr. Makino me entregó su dirección, fui invitado a su casa en Yokohama. Me dijo que no volvería a España y que si algún día pasaba por allí no dudase en visitarle. Se sentía en deuda conmigo por nada. Sus cartas dejaron de llegar en 2005.

Hoy día carezco de motivaciones, sin embargo hace un mes comencé a ahorrar para viajar hasta Japón dentro de un año. Como Helene Hanff no tuve dinero para hacer el viaje en su día. Como ella, espero poder observar durante un minuto el lugar en el que algún día descansó de un largo viaje mi letra de cómic.

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2 pensamientos en “PO Box, Yokohama…

  1. yo quiero más de esta historia…

    cuando comentaste tu correspondencia con el señor japonés hace tiempo en el blog tuve un momento de asociación mental con la película (por cierto, el número es 84, o me lo estoy inventando?)…supongo que también la habrás visto. yo la tenía grabada en versión original en una cinta de vhs que desgasté de tantas veces que la ví. tanto hopkins como ann bancroft están inmensos, y al viajar a londres una vez, con 18 años, me quedé pasmada cuando pasé, totalmente sin planearlo, por la calle charing cross. me pareció que había sido el destino, por supuesto. busqué la librería, pero no recuerdo haberla visto. de hecho charing cross está increiblemente cerca de la zona turística que yo visitaba ese día (creo que estaba por trafalgar sq)

    pues eso, lo dicho, que me encantaría conocer más detalles de esta historia.

  2. Claro, Laura. Te escribo el sábado contándote los detalles. Aunque no hay mucho que contar, la verdad.

    Es 84 sí, tienes toda la razón. Lo puedes achacar a un error tipográfico o puede que sea la razón que explique el porqué la matemáticas siempre se me dieron mal. Lo corrijo en un momento. La película es fantástica, como lo es la novela. Y hay por ahí una obra de teatro basada en esta historia que en su estreno barcelonés (y creo que también madrileño) creo que dirigió Isabel Coixet (oh, Dios, la Coixet otra vez).

    ¿Acabaste en Charing Cross por accidente? Eso sí que merece contarse. El azar es caprichoso, ya sabes. Lástima que no vieras la libreria. Debe merecer la pena entrar y trastear entre sus libros.

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