Un día de primavera, hace muchos años…

Discutía amablemente con una amiga sobre si era mejor el libro de Robert James Waller o la película del tío Clint (“Los Puentes de Madison County”). Al final coincidimos en que el libro contiene más información y la película más emoción. Luego me preguntó por qué había visto tantas veces la película, y le contesté que era algo involuntario. Que al salir de casa, los pies recorrían el camino hacia la sala de modo automático. Continuamos camino hasta una céntrica cafetería, y allí afirmé que Robert Kinkaid era feliz cuando se despidió de Francesca. Mi amiga no estuvo de acuerdo. Entonces le recordé un detalle de la famosa escena bajo la lluvia: el va a buscarla y asiente, con media sonrisa cruzando su cara, cuando ella decide no bajar del coche…

El resultado nos hace complices de aquella sensación. Los momentos en los que Robert y Francesca se conocen en aquel club de jazz semiperdido; el modo en el que ella se acuesta junto a él y le abraza cuando la vecina cotilla abandona su casa; la forma de mirar por la ventana, como tratando de impedir que el tiempo avance, de Robert en casa de Francesca…

Algunos de los diálogos de la película son sencillamente insuperables, cuando no terriblemente certeros en sus sentencias…

“No quiero necesitarte porque no puedo tenerte”

¿Crees que lo que nos ha pasado le pasa a cualquiera? Lo que sentimos el uno por el otro… Ahora puede decirse que ya no somos dos personas sino una sola. La mayoría se pasa la vida buscando algo así sin encontrarlo, y otros ni siquiera creen que exista”

“Sólo lo diré una vez. Esta clase de certeza sólo se presenta una vez en la vida”

Bueno… he recuperado el vídeo que monté en su día con la dolorosa escena final. Espero que los tipos de Youtube no me lo borren. Dura sólo un minuto. Échenle un vistazo si disponen de tiempo…

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5 pensamientos en “Un día de primavera, hace muchos años…

  1. Yo tendré una imaginación portentosa , pero tu no te quedas corto precisamente.Robert Kinkaid sonrie y es feliz???, por ese gesto bajo la lluvia lo deduces??. Ves como todos tendemos a imaginarnos los finales que más nos reconfortan.
    Bueno , eso es muy buena señal , si señor.
    Yo no he visto nunca la segunda parte que hicieron de “Lo que el viento se llevó”, porque ni en sueños mejorarían lo que yo decidí que pasaría al día siguiente despues de aquel….”hoy necesito descansar…mañana será otro día” de Scarlatta.
    Bueno y “Once” la terminaron así porque si nó no hubieran podido presentarla a todos esos festivales pogres .
    Ya llevamos demasiado tiempo mitificando los finales tristes y con desencuentro, en aras de un pretendido realismo…ese “querida , la vida es así, no la he inventado yo”. Pero bueno! , el cine no era también ilusión?Ya es hora , y más en tiempo de crisis , que empecemos a plantearnos que el “fueron felices y comieron perdices “será cursi , si , ..bueno y QUÉ!!

  2. Él es feliz. Tiene el corazón roto (rotísimo) pero es feliz porque ella ha tomado la decisión correcta. Al menos, es la que considera correcta. Ella le sonríe y él le devuelve el gesto pesarosamente, como dos conocidos que se encuentran casualmente. De hecho, Kinkaid trata de atraerla hacia sí durante el breve trayecto en coche, aun a sabiendas de que no ocurrirá. Es la última vez que la ve, pero es feliz, Mary Kate.

    Es que el final de “Lo Que el Viento se Llevó” es insuperable. Ya se lo dije a Emilio hace pocos días. La segunda parte (entre comillas) sobraba. Yo tampoco la he visto, ni tengo planes de hacerlo. La historia acabó con Scarlett lamentando su pérdida junto a una puerta. Y mañana será otro día…

  3. uyuyuy, esto huele a meterme en camisa de once varas, pero alex…casi que estoy de acuerdo con MK. Él no es feliz. No te voy a decir por que, pero es bastante obvio. Ni feliz ni contento ni aliviado. Puteado diría yo, y sonrisa de perdedor le pega más…

    aunque si a tí te ayuda pensar que está feliz, tú mismo…

    (el vídeo chulísimo, by the way)

  4. Puteado sin duda, Laura. Sobre esa cuestión hay poco que discutir. Pero yo le veo feliz (dentro de su infinita tristeza). El recuerdo de aquellos ocho días duró para siempre. De hecho, cuando muere le envía sus pocas pertenencias a ella. Y ella, se reconcilia con sus hijos cuando ellos leen la carta que explica su constante tristeza de aquellos años. Y que todo fuera una historia real no ayuda, la verdad. Una historia triste. El mundo está lleno de historias así.

    ¿Has perdido un minuto de tu vida viendo el vídeo? Gracias por lo de chulísimo, Laura. 🙂

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