Sábados y Domingos…

“No me siento capaz de diferenciar lo que en general se considera “normal” de lo que son mis propios sueños y fantasías.”

Ingmar Bergman “Niños del Domingo”

Poco antes de que Bille August adaptase la historia familiar de los Bergman en “Las Mejores Intenciones” y filmase una de las grandes obras maestras de los noventa, el propio Ingmar firmó el guión de “Niños del Domingo”, otra visión de su infancia. En la última etapa de su carrera, parece como si el viejo maestro tratase de encontrar la paz a traves de sus recuerdos. Tanto “Fanny y Alexander”, como las dos películas citadas previamente, indagan en un pasado traumático que marcó su propio carácter. Por ello, cuando su hijo Daniel le propuso adaptar la novela autobiográfica “Niños del Domingo”, Bergman se mostró entusiasmado con la idea. Si alguien debía aprovechar su texto, mejor que fuese de su propia carne y sangre.

Años más tarde, al morir en la isla del faro, Bergman había conseguido reconciliarse con antiguas amantes, ex-esposas e hijas (Anna) a las que había tratado con despotismo y cruel desprecio durante años. Incluso pareció comprender el porqué su padre alternó la ternura y el miedo a la hora de mostrarse.

En “Niños del Domingo”, Bergman recuerda los fines de semana que pasó con su padre en su infancia. Recuerda el inhóspito lugar en el que vivían, que en primavera mutaba hasta convertirse en un paraíso. Recuerda a las personas que quiso (Maj, que le cuida. Ellen, la vieja cocinera. Su madre…). Recuerda los malos momentos que vivió al lado de su padre, también los buenos. Recuerdos que en ocasiones parecen ser superfluos, como el del rayo que cae sobre un árbol en plena tormenta mientras ellos lo observan protegidos bajo un cobertizo. En otras ocasiones, como los referentes a las continuas peleas entre sus padres, los recuerdos parecen estiletes dirigidos directamente a su estómago. El resultado final es como una mano que se posa en tu hombro una noche clara de verano.

Pocos la señalaron. Casi nadie la vio…

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4 pensamientos en “Sábados y Domingos…

  1. Vaya, Alex, ahora que estoy leyendo “Las mejores intenciones” me apetece mucho ver esta película…

    Con Bergman tengo sentimientos contradictorios, igual que me pasa con Buñuel (más me ocurre con Bergman)… si leo sus autobiografías me divierto mucho con su sentido del humor, coincido en muchas opiniones y siempre extraigo la misma conclusión: que como amigos eran los mejores, pero como maridos y padres (esto es para Bergman) un completo desastre… El mismo Bergman reconoce en “La linterna mágica” lo mal que trató a las madres de sus hijos… en fin, no es poco reconocer tal bajeza públicamente…

  2. De hecho, recordé esta película al leer en tu blog que te habías hecho con “Las Mejores Intenciones”. Es como un prólogo de aquella y un épilogo de “Fanny y Alexander”.

    Después de ver las últimas películas en las que estuvo involucrado, pienso que trató de comprenderse revisando su infancia y su relación con su padre, terrible y tierna. La infancia nos marca, marca nuestro modo de relacionarnos con el mundo. Supongo que hay pocas cosas más humanas que la contradicción (que diría Miguel Ríos).

    No sólo reconoció que se comportó fatal con la gente que quería, también reconoció su pasado en las juventudes hitlerianas y pidió perdón por ello. Tuvo agallas para hacerlo, cierto…

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