(Reading) At the Park…

Desde marzo leo compulsivamente. Habitualmente trato de leer uno o dos libros al mes, pero desde hace unos meses son cuatro o cinco los libros que pasan por mis manos cada treinta días. Con frecuencia esquilmo la biblioteca “secreta” cercana a mi casa. La bibliotecaria (amabilísima) ya me conoce. Cuando ve aparecer una figura vestida en tonos oscuros ya tiene la sonrisa y el saludo preparados en su boca. En ocasiones me recomienda libros o comenta los que le robo temporalmente. La eché en falta durante el verano, cuando cubrieron su ausencia con un tipo con bigote que ni me saludaba, ni me sonreía, ni me recomendaba libros.

Me gusta leer en el enorme parque situado a pocos metros de la biblioteca. En no pocas ocasiones he recogido libros y los he comenzado a los pocos minutos, en sus bancos, en mi banco… Y digo bien, mi banco, porque durante los últimos siete años he pasado cientos de horas sentado en él. Es más (mucho más), una persona muy querida compartió sus tablas roídas conmigo y leyó junto a mí.

Durante estos últimos tres meses, pasar dos o tres horas allí ha sido todo un ejercicio de memoria poblado por el recuerdo de voces y personas que ya no están o que posiblemente nunca volverán a estar. Hoy he leído “El Tratado Naval” de Conan Doyle. Al caer gotas de lluvia de modo insistente sobre sus últimas páginas, he tenido que terminar su lectura en el edificio blanco que alberga la biblioteca y el conservatorio. Al irme, la bibliotecaria me ha sonreido. Ya es octubre…

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5 pensamientos en “(Reading) At the Park…

  1. qué bonito lo del banco…yo soy más de leer en mi sillón, que también es mío. Y lo de leer en compañía es algo que aunque parezca una tontería no es tan fácil de encontrar.

    yo también soy compulsiva, aunque ahora internet me quita el tiempo que es una barbaridad.

    ays!

  2. Uno traza un mapa de emociones por encima del callejero: bancos, bares, autobuses. Hace tiempo yo también era lector en parques. He abandonado algo esa sana costumbre. Leo en casa, en la cola del charcutero, en el ambulatorio, pero aquí en Lucena hay dos parques y lo atestan los muchachos que juegan… Conozco a tantos, por las clases, que es imposible leer despaciosamente. En fin, cosas mías. Lo del banco, como dice Laura, es bonito. De verdad. Vuelvo al post del abrigo en invierno sofocado de libros. Ya mismo, Álex, me lo pongo. Entonces tendré secretos dentro. Páginas. Aventuras. Placer.

  3. Pocas cosas se pueden comparar a leer por la noche (o tarde) en tu propio sillón. Si es con un café caliente cerca, mejor. En realidad, lo de leer en compañía no es exacto. Ella leía y yo la contemplaba…

    Visitando el blog de Amaya seguro que no pierdes el tiempo. Visitando éste (aunque sean tres minutos) eso es más cuestionable.

    Sí, Emilio. De hecho, ya conté en mi viejo blog cómo identifico calles y caminos con películas que vi en aquellas épocas. Leer, donde sea, es ya un placer, Emilio. Lo del parque en tu caso está excluido, pero seguro que tu sillón es más que confortable.

  4. Las bibliotecas han sido mi segunda casa, especialmente desde los ultimos y agonizantes años de derecho, y desde entonces, los meses de parado, de buscavidas, de opositor que se engaña a si mismo y no estudia…
    En fin.
    Me muevo como pez en el agua en ellas.

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