Cuando tu vida es un libro…

“Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde, y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad.”

El Palacio de la Luna. Paul Auster

Se sorprenden, algunas personas de mi entorno, de ver este libro constantemente en mis manos. Esto puede ocurrir en cualquier lugar: en el banco de un parque, en la mesa de un café o en mi propia casa. Lo que no saben es que no se trata del libro original que leí hace unos años. Éste lo regalé en abril a una persona muy especial. De hecho, cuando regalo este libro es porque la persona que lo recibe me importa.

Mis vínculos con la novela son difíciles de explicar. Diré que la primera vez que lo leí, hace no demasiados años, reconocí muchos aspectos de mi vida reflejados en él. Es más, el tiempo ha sincronizado mi realidad con la narración. Es complicado de entender, como si todo mutase para calzar con el texto, pero es así. Y es que en los últimos meses me han ocurrido cosas asombrosas relacionadas directamente con la novela de Auster. La última de ellas, acaecida en julio, demuestra que el azar esconde muescas y señales a su paso. Se podría transcribir literalmente un pasaje del libro y encajar impecablemente con el hecho que cito.

Decía Maggie, la piloto gafe de “Doctor en Alaska”, que deseaba que llegase el invierno para acurrucarse en un sillón frente a una chimenea con un tazón de cacao y leer por las noches. El invierno es una estación ideal para leer y el otoño no se queda atrás. Estos días lo estoy haciendo por tercera vez. Son Marco Fogg y Kitty Wu… y yo espiándoles una vez más en un camino de pinos que ya conoce su historia.

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5 pensamientos en “Cuando tu vida es un libro…

  1. Qué voy a decir del que durante muchos años ha sido mi libro favorito… recuerdo la primera vez que lo leí (ya he perdido la cuenta de las veces que lo he hecho), una Nochebuena, no lo solté hasta que lo terminé el día de Navidad… Desde entonces se lo he ido regalando a mis mejores amigos, novios, conocidos… Para mi es un libro muy especial.

  2. Lo sé, Amaya. Sé que es tu libro fetiche. De hecho, transcribí el párrafo que inicia este posteo de tu blog el día que regalé el libro. Es uno de mis pasajes favoritos y recordaba que tú lo habías recogido en tu casa virtual hace tiempo. Y recuerdo que contaste dónde lo leíste por primera vez: En un vagón de tren…

    Un libro muy especial para mí también, como sabes. Ahora más que nunca, cuando me están ocurriendo extrañas coincidiencias que aparecen recogidas literalmente en el libro.

  3. Para mi ese tipo de libro con el que uno se relaciona singularmente es El desierto de los tártaros de Buzzati.
    De Auster decir que me fatiga un poco que todas sus novelas sean en el fondo la misma novela, muy buena, pero como escrita en variaciones…
    Me gustó Fantasmas y ese Palacio de la luna. Me entretuvo el país de las últimas cosas. Odié Mr Vertigo. Y a partir de Tombuctú, indiferencia, caso cerrado.
    Recuerdo un fabuloso programa cultural catalán de TV de los 90, “Avisa’ns quan arrivi el 2000” que lo trajeron de entrevista cuando casi nadie lo conocía en España… Fue duro ver a alguien tan inteligente, resultar tan mortalmente aburrido en persona.
    Auster ya ha escrito lo que llevaba dentro, y ahora solo se repite.

  4. Auster: releí este verano Trilogía de Nueva York. Me parece atinado el comentario de Mycroft. Auster me parece un profesional que maneja con desparpajo cuatro o cinco tramas y las va abriendo, cerrando, empujando, derramando sobre otras tramas hasta formar una gran trama a la que nos nos afiliamos porque, en el fondo, escribe muy bien y son tramas que te cogen fuerte mientras las lees. No he leído El palacio de la luna. No he leído tanto. Este verano, en una localidad de playa, creí que mi voracidad lectora iba a menos. Mucha prensa, alguna relectura y, sobre todo, mucho escribir. El libro de Dino Buzzati, Mycroft, lo leí por Borges. Contaba algo parecido a lo que tú cuentas. Que es un libro mayúsculo del que no puedes salir y que te confirma como un determinado tipo de lector. Drogo, el hombre abatido frente a la inminencia de unos tártaros, me fascinó como personaje. Durante mucho tiempo. Es verdad que hay libros que son, en el fondo, Álex, tu vida. Yo tengo algunos que no salen. Saber que están ahí, dispuestos a que entres de nuevo, me parece una de las cosas más atractivas que nos da el mundo. Releo a Cortázar, a Poe, a Highsmith, a Chesterton… A Borges, claro. Ese libro de parques puede ser El libro del desasosiego de Pessoa. Lo leí en unas circunstancias personales duras y todavía regreso a él en cuanto puedo. Medida la distancia, separados los años, a sabiendas de que la grieta no se cierra del todo y que hay lecturas inconvenientes, pero perfectas. Nunca doy por cerrado un autor que me haya conmovido. Ni siquiera cuando saca un libro malo. Siempre hay algo que puede ocurrir en cualquier momento. Una línea, un episodio, una descripción que justifica las horas de lectura.

  5. Qué puedo decir, a mí Auster me parece un maestro que ha perdido fuelle (que no vigencia) en los últimos años. Libros como “La Música del Azar” o “El Palacio de la Luna” estarían entre los mejores que he leído. Cierto es que su particular estilo induce a pensar en que se repite. No pienso igual, aunque no he leído “Mr. Vértigo” ni “Brooklyn Follies” al que tantos palos están dando.

    Sigo sin leer el libro de Buzzati desde que me hablaste de él, Mycroft. Lo buscaré en la biblioteca cuando vuelva. Me pica la curiosidad.

    Y sí, cierto es que Auster tiene cierta fama de aburrido. No sé si lo es (lo de persona aburrida es un concepto personal de cada uno), lo que es seguro es que aparecer en mil programas televisivos debe hacer aflorar el piloto automático de cualquiera.

    Sabe contar historias, Emilio. Es su mayor aval. Decía Michel Chion que todo está inventado y que sólo el modo de contar una historia es lo que te define.

    Hay libros que se acercan a tu realidad de un modo asombroso. Como si alguien estuviese espiandote y escribiendo lo que te sucede. Leyendo “El Palacio de la Luna” me siento como Will Ferrell en “Stranger tan Fiction”.

    De Pessoa (al que Panero dedicó una elogio superlativo cuando hablé con él hace meses) tengo prohibido hablar en este momento por prescripción médica.

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