Disgrace…

Cuentan que Hitchcock se enamoró una sola vez en la vida. El problema consistió en que fue un amor en una única dirección. No fue correspondido.

Kenneth Anger, cotilla oficial del reino de bambalinas, narró cómo se dio el único encuentro “sexual” entre el gordo inglés y la princesa de hielo:

“El famoso mercader del miedo se había arrellanado en un costoso sillón orejero hecho a medida para su notable tamaño. En aquel momento de su carrera se parecía al abuelo de E.T. Tenía la cabeza pegada al ocular de un poderoso telescopio, sostenido por un trípode, que asomaba por una ventana a la suave noche de Laurel Canyon.

A un kilómetro y medio de distancia, la alcoba estaba profusamente iluminada. Ninguna cortina, corrida o no, obstaculizaba la visión. La persiana estaba subida. La futura Lady Bondad de Mónaco se encontraba a punto de realizar la única importante acción de caridad de toda su encantadora vida.

Lenta, pensativamente, como quien regresa a casa tras una noche en la ciudad, Grace Kelly se desnudaba. Primero el sombrero, luego los guantes. Los tirantes del vestido de noche le resbalaron por los blancos hombros, permitiendo que el sensual crépe de Chine cayera al suelo. Había que desabrochar el sostén. Las últimas en caer fueron las braguitas de encaje francés.

Al otro lado del valle en sombras, “Cocky” (mote que, de vuelta a Inglaterra, le habían dado al obeso sus compañeros de colegio) se mostró a la altura de las circunstancias”

Así transcurrió el primer y último encuentro íntimo entre Hitch y Grace Kelly. Posiblemente fuera, como afirma Anger, el único gesto desinteresado de la princesa de Mónaco al margen de los actos de caridad programados por la casa principesca y los posados, siempre con un fotógrafo al lado, preparados para elevar a los altares a una mujer que ni fue una santa, ni quiso serlo.

A pesar de su imagen angelical, Grace Kelly y lo etéreo nunca coincidieron. Ya a los 17 años, cuando era novia de Harper Davis (hijo del propietario de un concesionario de coches), demostró una pasión amatoria a medio camino entre lo arrebatado y lo vengativo. Se entregaba plenamente. A pesar de ser infiel por naturaleza, era una mujer enamoradiza. Cuando su padre, Jack, un irlandés “muy macho” que coleccionaba amantes para demostrar su virilidad (se cuenta que compraba 27 regalos navideños idénticos destinados a sus 27 amantes), vio que Harper no era digno de su hija, ésta trató de vengarse de su padre acostándose con Paul D’Amato, mafioso local y amigo de aquel, que la doblaba en edad. Sin embargo, no lo consiguió. D’Amato fue el primer y último hombre que la rechazó.

En 1953 comenzó su cacería de hombres famosos y poderosos. Marcó su primera muesca con el nombre de John F. Kennedy, futuro presidente de los States y doce años mayor que ella. Cuando Jackie Kennedy supo de la nueva infidelidad de su marido, hizo lo que solía hacer: se contentó con culpar a Grace del asunto. Abnegada esposa ella.

Todo aquel susceptible de proporcionarle algo, pasó por su cama. Su profesor de arte dramático, Don Richardson, fue uno de ellos. La invitó a su casa, tras la insistencia de ella, y se la encontró desnuda cuando volvía de la cocina con dos copas en las manos. Manie Sacks fue el siguiente. Reunía los requisitos indispensables: tenía treinta años más que ella y poseía algo que le interesaba. Se acostaron la noche que se conocieron.

El príncipe Ali Khan (playboy oficial de la década) fue el siguiente, y el apetito sexual de Grace pareció saciarse durante algún tiempo. Así, cuando poco después conoció a Mohammad Reza Pahlevi, renunció a la posibilidad de convertirse en emperatriz de Persia pese a las múltiples joyas y promesas que el Sha le entregó. Según Grace, nunca le quiso, sólo sentía curiosidad por saber cómo era acostarse con un emperador. Seis años después, regaló las joyas del Sha a sus damas de honor.

Sus comienzos en Hollywood fueron difíciles. Su primera película, “Catorce Horas”, pasó desapercibida. Sin embargo, la dio a conocer. Cuando le propusieron el papel protagonista femenino de “Solo ante el peligro”, entró en éxtasis. No tanto por la película en sí, como por compartir cartel con uno de los ídolos de su infancia, Gary Cooper. Seducir a la veterana estrella no fue complicado. A Cooper, que vivía con la actriz Patricia Neal desde hacía cinco años, le fue más difícil deshacerse de aquella joven actriz de aperiencia gélida. Una vez lo hubo conseguido, la despechada actriz se lo montó con el director, Fred Zinneman. Éste, a cambio, incluyó una infrecuente serie de primeros planos de la actriz en el montaje final de la película. Su estela se iba agigantando…

Cuando le ofrecieron el papel de Linda Nordley en “Mogambo”, le confesó a una amiga que había tres razones que le había llevado a aceptar la película: John Ford, Clark Gable y un viaje a África. Se desconoce si el viejo director irlandés era uno de sus objetivos amatorios. De lo que sí se tiene constancia es de su acoso a Gable desde el primer instante en el que se cruzaron sus miradas. En un primer momento, Gable, atormentado viudo de Carole Lombard, no se interesó por ella. Sentía mayor atracción hacia el desenfado de la Gardner. Fue un rodaje tumultuoso: Gable trataba de seducir a Ava Gardner; Ava, acompañada por su marido Frank Sinatra, se las había ingeniado para mantener un secreto idilio con el asesor de caza Bunny Allen; Grace Kelly de los nervios por la indiferencia que generaba en Gable; y Donald Sinden (marido de Grace en la película) abatido por no conseguir los favores de la rubia estrella. A todo esto, Ford como observador anonadado de un entramado de historias que convertían en un chiste la trama central de la película que estaba rodando.

Finalmente, cansado del rechazo de la Gardner, Gable cayó en la red tejida por Grace en torno a él. Pero, a la llegada a Londres, para rodar los planos de interiores, Gable se lo dejó claro a Grace: “Lo que pasó en la selva se queda en la selva”. Y volvieron a dejarla tirada otra vez.

Loca de amor por Gable, Grace se vino abajo. Había tocado fondo cuando Hitchcock apareció en su vida. Sentirse deseada le dotó de seguridad y retomó su rutina seductora. Durante el rodaje de “Crimen Perfecto”, Hitch le dijo a uno de sus asistentes:

“Dios mío. Esta mujer se ha acostado con todo el mundo menos conmigo. Incluso se ha tirado al pequeño Freddie”.

“El pequeño Freddie” era Freddie Knott, autor de del libreto original. Sólo fue el primer escalón que le llevó hasta Ray Milland. Elegante, educado, dulce… y 24 años mayor que ella, Milland era el objetivo perfecto. Al romper su matrimonio, poco después, Milland recibió todo tipo de dardos, pero fue Grace la que tuvo que soportar el verdadero tsunami. Incluso se vio obligada a convocar una rueda de prensa para pedir perdón públicamente.

“He hecho una cosa abominable, me he enamorado de un hombre casado. Estoy desesperada. No volveré a hacer nada igual”

Y no volvería a intentar hacer nada igual hasta que conoció a Jimmy Stewart en el set de rodaje de “La ventana indiscreta”. Alertada por la presencia de la “rompehogares”, Gloria, esposa de Stewart, no se separó de su marido ni un segundo del rodaje. Habría dado igual si le hubiese dejado a solas con ella. No sólo era un tipo fiel hasta el tuetano, para el actor Grace no era más que una compañera de trabajo con un desbordante ansia de amor. No llegó a ofrecerse a Stewart pero sí a William Holden, su siguiente “presa”. Kelly se enamoró perdidamente de él durante el rodaje de “Los Puentes de Toko-Ri”. Holden, mucho mayor que ella, por supuesto, era un tipo seductor pese a haberse entregado a la ginebra algunos años antes. Su alcoholismo incipiente no nublaría su razón a la hora de romper con ella meses después. Al parecer, el actor lamentó profundamente que ella se hubiese tomado su relación tan en serio.

Nuevamente abandonanda, Grace Kelly pasó por momentos delicados que se evaporaron tras conocer al que seguramente fue el hombre de su vida, Bing Crosby. Cuando le conoció, la esposa de Crosby era una enferma terminal de cáncer. Su catadura ética estaba en entredicho, no porque mantuviese una relación con una millonaria texana, sino porque había fijado incluso la fecha de su boda con ella calculando la vida que le restaba a su esposa. Así son las cosas en Tinseltown. Grace, 26 años más joven que él, le sedujo al tiempo que se enamoraba como nunca lo había estado de ningún otro. Por él estaría dispuesta a hacer cualquier cosa. Crosby colaboró en aquella locura de amor rompiendo su compromiso tres días antes de la boda. Sin embargo, no tardó en volver arrepentido con la texana. Fue la puntilla final para la actriz, quien desde entonces se convirtió en una cínica descreída. Tony Curtis, el siguiente eslabón de la cadena, la definió así:

“Nuestra historia de amor no podía llegar muy lejos porque ella pescaba peces más gordos que yo”.

El día que conoció a Rainier de Mónaco, compartió cama con Jean-Pierre Aumont. Se casó con el príncipe poco después. A los tres meses de la boda, Rainier ya frecuentaba a varias de sus antiguas amantes. La mujer más deseada del mundo era también la mujer más sola del mundo. Despechada, devolvió la moneda a su marido acostándose con Frank Sinatra, con Marlon Brando, con David Niven. Pero todo aquello no sirvió para espantar su infelicidad.

Seguramente Hitch también la habría abandonado. Dependía demasiado de su esposa Alma para tomarse demasiado en serio su naturaleza enamoradiza. Fue el genio inglés quien mejor definió su tristeza permanente: “Deberían haberla bautizado como Disgrace”.

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6 pensamientos en “Disgrace…

  1. Me dijiste una vez que no confiabas en exceso en tu escritura. Yo, por supuesto, no estuve de acuerdo, e insistí en que tu página, la reposada ahora Antártida, era un inventario prodigioso de historias contadas con pasmosa facilidad. Tu habilidad, Álex, por encima de cualquier consideración estilística, reside en la portentosa elección de posts, en los contenidos adictivos, en cierta manera periodística de contar las cosas que provoca en el lector, yo, hoy, esta noche, la certeza de que, al tiempo que uno lee y entretiene el rato, también aprende. La didáctica es un asunto de capital importancia. Existen escritores de manejos semánticos sublimes: gente que escribe con el desparpajo de quien se sabe dotado de algún regalo de los dioses, pero también son escritores desposeídos del encanto de la cercanía…Tú das esa porción de talento pedagógico. Sí, no te pongas hostil con mis piropos, amigo. Esto lo echaba yo en falta en mis visitas blogueras, en mis excursiones a escritos de los demás. Qué bien, entonces, el regreso, Álex. El regreso por encima de lo que la vida nos dio (a ti, por desgracia, ya sabemos, más de lo que nadie merece en tan poco tiempo). El regreso, oh my friend, como celebración entusiasta de la lectura como recreo. La lectura como alimento de la ignorancia. Viva Hitchcock. Por añadidura, vuelvo a festejar que te tenga (de nuevo) detrás de los bits…. Un abrazo grande, amigo.

  2. Vaya “carrera” la de Disgrace… así se entienden también las ansias amatorias de sus hijos…

    En fin,ahora entiendo tu comentario en mi post sobre “Atrapa un ladrón” titulado “¿muslo o pechuga?” 😀

  3. Pues sí, una vez más me inspiré en un posteo tuyo. 🙂

    Grace tuvo una vida amorosa muy ajetreada. Siempre deseando amar, con ese carácter tan enamoradizo. No tuvo suerte y pareció traspasar su mala estrella a sus hijos. Ella siempre sola (aunque estuviese rodeada de gente) y mientras tanto, millones de hombres deseándola. El mundo del revés.

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