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De Muertos…

Septiembre 9, 2009 · 2 comentarios

Tendría 16 o 17 años cuando vi “Los Muertos” por primera vez. Fue en Telemadrid, en uno de esos programas en los que el visionado de la película desemboca en un estéril combate de egos en busca de la frase memorable que determine que yo tengo razón y el tipo del al lado se equivoca en todas sus sentencias.

Recuerdo que el programa era presentado por Pablo Lizcano, aquel periodista con deje tímido que durante un breve periodo de tiempo se dejó prostituir por la televisión. Pero el recuerdo que guardo con más frescura es el de un crítico invitado que aun reconociendo los valores de la película de Huston, menospreciaba su final porque el viejo irlandés de adopción había osado a utilizar una voz en off. Un recurso impropio del maestro, según él.

Tal vez es ahora cuando debería añadir al título de este posteo la coletilla de muertos cerebrales, categoría donde este encorsetado tipo no desentonaría en absoluto. De entre las muchas memeces que te enseñan en una escuela de cine, ésa, la de la adecuada utilización de la voz en off (usando la acepción adecuada como eufemismo de nunca debe hacerse) es una de las más ridículas.

Ya saben que Billy Wilder nunca recibió una clase de teoría cinematográfica. Gracias a Dios, de otro modo tal vez William Holden nos habría tenído que contar su peripecia mediante señales de humo, en “Sunset Boulevard”. Del mismo modo que Kevin Spacey tendría que habernos informado telepáticamente de su condición de muerto jodido pero contento en “American Beauty”.

Sí, ya sé. Estaban muertos, el recurso es necesario. Puede considerarse necesario en esos casos por los autoproclamados puristas de un arte que otros inventaron y unos pocos creen suyo. Además de que el atacar a clásicos nunca fue rentable, siempre fue más fácil desencajar la mandíbula del débil, del linchable.

Y en ese privilegiado lugar, campa a sus anchas Terrence Malick (per example), en cuyas dos últimas películas el recurso de expresar los pensamientos de los protagonista a través de voces en off, ocupa un lugar fundamental en su desarrollo. Estos guardianes del buen uso lingüístico (cinematográficamente hablando), se lo han pasado teta hundiendo sus puñales en vientre tan blando, contando con la inesperada adhesión de oleadas de gañanes incapaces de distinguir entre la última de Jackie Chan y una película dogma, pues sólo así se entiende que acabasen sentados frente a “El nuevo mundo” en lugar de disfrutar de una maravillosa lobomotización gratuita de la mano de “Kun-fu-sion” en la sala anexa, el día en el que yo vi la primera de ellas.

Y es que jode que interrumpan una poesía a medias, como me ocurrió a mí viendo la etérea historia de Pocahontas, al tener que soportar las continuas y vociferantes huidas de la sala de algunos especímenes prehumanos que decidieron demostrar sus frustración de tan gráfico modo.

A todos ellos: a críticos amargados poseedores del don de la infalibilidad; a irrespetuosos garrulos con el tacto sito en el bajo vientre; a puristas aficionados que siguen los dictados a pies juntillas de la vieja enciclopedia de cine heredada del abuelo; a todos aquellos que ignoran que desde “Carta a una desconocida” a “Sin City”, el recurso de la voz en off ha sido utilizado por la gran mayoría de los maestros que cabe la posibilidad de que sepan de qué va esto. A todos ellos les dedico este maravilloso monólogo interior que escribió James Joyce y adaptó Tony Huston en ese último regalo que nos hizo uno de los más grandes quien al parecer nunca se enteró de que hay determinadas cosas que no deben hacerse.

Nunca, y digo bien, nunca se ha expresado de modo tan desolador ni tan franco, la desazón, la decepción, la impotencia que produce el mirar a los ojos del otro y no conseguir ver tu reflejo…

Qué pobre papel he representado en tu vida. Casi podría decirse que no soy tu esposo, que nunca hemos vivido como marido y mujer. ¿Cómo eras entonces?. Para mí tu rostro sigue siendo hermoso, pero ya no es aquel rostro por el que Michael Furey retó a la muerte. ¿Por qué me invade este torrente de emociones? ¿Qué lo despertó? ¿El trayecto hasta aquí? ¿Que no respondiera cuando besé su mano? ¿La fiesta de mis tías? ¿Mi ridículo discurso? ¿El vino, el baile, la música?.

Pobre tía Julia, esa mirada extraviada cuando cantó “Ataviada para la boda”. Pronto será otra sombra como la de Patrick Morkan y su caballo. No tardaré en estar en aquel salón vestido de luto. La persianas estarán bajadas, rebuscaré en mi mente palabras de consuelo y solo se me ocurrirán frases vacías e inútiles. Sí, ya no tardará en pasar.

Los periódicos tenían razón, nieva en toda Irlanda. Cae por toda la sombría llanura central, en las colinas vacías de árboles. Cae suavemente en el pantano de Allen y más al oeste, cae silenciosa en las oscuras y agitadas aguas del Shannon.

Más vale entrar con valor en ese otro mundo con el arrebato de una pasión que consumirse y marchitarse con la edad. ¿Cuánto tiempo ocultaste en tu corazón el recuerdo de la mirada del amado cuando te dijo que ya no quería vivir?. Nunca he sentido algo así por una mujer, pero sé que ese sentimiento debe ser amor.

Piensa en todos los que fueron desde el principio de los tiempos. Y yo, tan pasajero como ellos apagándome en su mundo gris, como todo lo que me rodea. Ese sólido mundo que construyeron y en el que vivieron, se reduce y desaparece. La nieve cae, cae en el cementerio solitario donde está enterrado Michael Furey. Desciende ligera por el universo y ligera desciende, como el descenso hacia el último fin, sobre todos los vivos y todos los muertos.


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Panero…

Abril 16, 2009 · 7 comentarios

Un águila cae sobre la página

Un águila SE ENFRENTA A LA NADA

Dialogando a solas con la nada

Acercando del abrazo del viento

Que cae como la lluvia sobre la nada

II

El día de mi cumpleaños fui por allí. Una azafata rubia postiza, bonita y amable, me confirmó que estaría aquella tarde. Pasaban veinte minutos de las cinco y las casetas continuaban cerradas. Le pregunté a un tipo con pinta de aburrido, sentado junto a una de ellas, a qué hora abrirían.

-A las seis, me dijo.

Quedaban cuarenta minutos. Ella me llamó entonces y hablamos. Ya sabía que iba a dejarme, aunque aún pasarían varias semanas para que la  ruptura fuese efectiva. Traté de ser conciliador, siempre el jodido tipo amable al que no le importa que le jodan. Estoy cansado de esa mierda. La noté triste y me sentí triste. Yo estaba sentado sobre la hierba, entornando la cabeza porque no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Colgó justo un minuto antes de que mi hermano mayor me dijese que una de las casetas que buscaba llevaba un rato abierta. Un famoso poeta, casado con una conocida escritora, me estrechó la mano y me sonrió. Todo muy calculado. Entonces le empecé a hablar de que en realidad no conocía su obra, y de que una persona muy especial le admiraba hasta el punto de coronar con uno de sus versos un lugar sostenido en la nada. Me preguntó por ella, y le conté. Después, le hablé de aquel verso en cuestión y él rebuscó entre sus libros hasta encontrarlo. Escribió una dedicatoria antes de entregármelo.

-No lo puedo pagar, le dije.

-Es un regalo para ella.

-Pero estás aquí para vender libros. Me siento mal por no poder pagártelo.

-A veces hago excepciones.

Después busqué su caseta. No estaba. Pregunté por él al tipo situado detras de la barra blanca. Me contestó que se encontraba indispuesto y me aseguró que estaría al día siguiente.

Volví. Era sábado y hacía calor a mediodía incluso llevando la manga corta de aquella camiseta negra del Boss. Reconozco que estaba ansioso, llegué una hora antes de que su presencia fuese material. Hora que empleé en caminar parsimoniosamente entre las mil casetas que deseaban vender su libro. Hablé mecánicamente con varios de aquellos tipos. Compré un libro, que no he leído aún, porque su autor me cae bien. Vago motivo, lo sé, su obra es una peste. Después, me encontré con una escritora hermana de otra escritora. Se llama como ella y su libro le gustaría, pensé. Todos los puestos tenían audiencia menos el suyo. Tal vez por ello, me dedicó veinte minutos extraños. Empecé hablándole de nimiedades y terminé recordando a su hermana, que ya no está. Luego le pedí que escribiese una dedicatoria especial para una chica especial, y para mi sorpresa accedió. Al terminar, se levantó, me besó en las mejillas y me susurró algo al oído.

Le dije:

-Es lo más bonito que me han dicho en años.

Volví la mirada al cabo de unos diez metros. Me gustó encontrarme con la suya.

Llegué al lugar que llevaba buscando más de veinte años. Y allí estaba él, muy delgado, moviéndose de un lado a otro como un animal enjaulado. Llegué justo en el momento en que se largó para mear. Así me lo confirmó el tipo de la caseta, que debia recordarme del día anterior. En los quince minutos que pasaron hasta que regresó, dos mujeres sesentonas se situaron tras de mí y hablaron de gilipolleces durante cinco minutos.  En un momento dado, una de ellas dijo:

“Vámonos, dicen que este tío está loco”

Se fueron.

La caseta en la que firmaba Risto Mejide (o Mejode), se situaba no muy lejos de allí. Estaba a rebosar. La fila de gente que esperaba hablar con él atravesaba la meridiana hasta volverse sobre sí misma. Yo estaba nervioso por primera vez en meses. No sabía por qué: “ya no tengo miedo de nada”, me repetía mentalmente. Hasta que él apareció y hablamos durante unos treinta minutos,  seguramente más.

Al poco rato, me dijo:

-Estoy drogado.

Se le notaba. Su voz se arrastraba y un par de veces me habló en francés. Le dije que su poesía me llegaba tanto como la de Pessoa. Me contestó que no era verdad. Que al portugués le recordarán y a él no.

-No me gustan los elogios.

-Es un hecho, no un elogio.

-No te voy a firmar.

-Ni yo voy a comprar. Sólo quería verle otra vez.

-¿Te conozco?

-Soy el niño que le pasaba cigarrillos mientras estuvo recluido en el psiquiátrico de Leganés.

Entonces cogió un bolígrafo. Me dijo que allí le había tratado bien, no como en Mondragón. Pero no me recordó y no insistí. Firmó con un garabato ilegible el primer libro que sus manos encontraron. Entonces recordé que a una conocida muy querida le gusta su obra, aunque no es nada mitómana. Le pedí un esfuerzo: que dedicase un libro más para ella. Me dijo que no.

-Es para una mujer muy especial, le dije. Una mujer que le admira y que además es muy bonita.

Pronuncié su nombre y volvió a tomar el boli para garabatear un libro más. Con su voz cazallera, me dijo que lo hacía porque era un nombre bonito y porque era para una mujer. Me dijo que yo le caía bien, que me quedase un rato más en honor de aquellos cigarrillos que no recordaba. Llegado un momento de confianza inesperado, le conté lo qué había ocurrido en mi vida en los últimos meses.

-Estás jodido. Nunca confíes en nadie. Al final, todos te fallarán.

Fue casi la misma frase frase que él pronunció cuarenta días antes. Unos diez minutos después, un tipo vestido de negro se colocó detrás de mí. Me despedí. Me tendió la mano y esta vez se la estreché.

-Mañana no te recordaré, me dijo.

Y eso fue lo que ocurrió.

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Ennis del Mar…

Febrero 23, 2009 · 8 comentarios

“Ella es mi alma gemela. No podríamos adorarnos más de lo que ya hacemos. Somos como dos guisantes en una vaina”

Heath Ledger sobre su relación con Michelle Williams

Rompieron pocos meses después de pronunciar esta frase. La fuerte depresión que le siguió y llevó a múltiples excesos con el alcohol y los tranquilizantes fue el detonante de su muerte, accidental o no. Pero sería injusto olvidar que siempre fue un chico triste.

Naomi Watts, su pareja por aquella época, le animó a aceptar el papel de Ennis del Mar en “Brokeback Mountain”. Su compañero de reparto, Jake Gyllenhaal, aseguró no haber visto jamás alguien tan parecido a su personaje. De hecho, la escritora Annie Proulx, en cuya historia se basa la película, le envió una copia de la narración original con la dedicatoria: Para Ennis.

Ang Lee, director de “Brokeback Mountain”, dijo que sin él la película habría perdido la melancolía que precisaba.

Hoy hablaba de él con una compañera (hoy era su día, aunque ya no esté). Le conté que hay tres escenas que me han marcado…

Poco después del nacimiento de su hija, le pidió a Ben Harper (amigo íntimo) que compusiera una nana para su pequeña. Así nació Happy Everafter in Your Eyes.

The morning sunrise spread her wings
While the moon hung in the sky
Held the sea in your hands
And happy everafter in your eyes

Couldn’t leave you to go to heaven
I carry you in my smile
For the first time my true reflection i see
Happy everafter in your eyes

Every star in the night
Promises the dawn
I will be there if you fall
To ever so heavily rest upon

All that i can give you
Is forever yours to keep
Wake up every day with a dream
And happyever after in your eyes

Happy everafter is in your eyes

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La pornografía sentimental…

Febrero 19, 2009 · 1 comentario

¿Qué significa ofrecer el dolor?, se pregunta Javier Fesser en los cuadernos de rodaje de “Camino”. Infinidad de personas han considerado su película un insulto, tanto por lo que cuenta como por lo que muestra. “¿Era necesario mostrar la agonía de una niña?”, se pregunta el crítico Sergi Sánchez en “La Razón”. Sí, lo era. Lo era desde el momento en que la obra decidió convertirla en su primera santa. Lo era para que todos supiesen lo que hay detrás del telón. Los que conocemos la agonía y hemos visto a seres queridos en sus momentos de derrota más cruentos sabemos que ha hecho lo correcto. Lo demás es literatura rosa para los que no saben ni quieren ver.

Toda esta absurda polémica me llevó a recordar “Relámpago sobre el agua”, película documental dirigida por Wim Wenders que relata los últimos días de vida de Nicholas Ray.

En uno de los primeros libros de cine que compré siendo un crío, el año 89, se calificaba a la película de engendro. No en vano fue masacrada en su día por la mayoría de la crítica argumentando que se trataba de pornografía del dolor. Y Wenders calló. De hecho, fue Nick Ray quien, al saber que el cáncer le devoraba, propuso a Wenders la idea de diese constancia de sus últimos días de vida. En ella, Ray, el gran poeta, hace testamento recordando sus muchos errores y algunos aciertos. Lamenta las malas decisiones y las ocasiones en las que hizo daño a otros y jura que de volver a vivir no tomaría el mismo camino. Llora en alguna ocasión. Mira a la cámara y es feliz recordando las broncas con Joan Crawford durante el rodaje de “Johnny Guitar” y lo emotivo que fue el rodar la íntima escena de la boda entre Farley Granger y Cathy O’Donnell en “Los Amantes de la Noche”, en la que sólo 5 personas se hallaban en el set de rodaje. Le vemos tan delgado que sus huesos apenas pueden sostener su piel. Vemos la camilla que le desplaza de una habitación a otra del hospital. Y vemos la mano de Wenders tocándole, tratando de atesorar el legado de Nicholas Ray. Legado que se perderá cuando un fundido en negro inunde la pantalla y suena un seco: “Corten”.

La violencia sin sentido es pornografía. Mostrar la muerte y su proceso no lo es. Algunos siguen sin comprenderlo.

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25 Folios…

Diciembre 21, 2008 · Dejar un comentario

A ti, que nunca me has conocido. Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue tuya aunque nunca lo supiste

Así comienza la carta que le dirige una desconocida a un joven escritor vienés. En ella, le confiesa su desesperado amor, ahora que ha dejado de vivir y no espera su respuesta. “Carta de una Desconocida” es con seguridad una de las novelas más dolorosas jamás escritas. Su autor, Stefan Zweig, describe con delicadeza la obsesión de su protagonista por un hombre que no la corresponde, que ni siquiera sabe de su existencia. En su anhelo se sacrifica constantemente (de un modo físico y mental) por estar algún día cerca de él: duerme en el suelo en pleno invierno, llena noches de vigilia frente a su ventana con el único objeto de perseguir su sombra, acelera el paso al sentirse cerca de él para evitar que su debilidad se muestre… El amor loco cincuenta años antes de que la Nouvelle Vague lo resucitara.

Sus palabras hieren porque es consciente de que una vez muerto su hijo y con la certeza de que nunca verá correspondido su amor, no tiene motivos por los que vivir. Recuerda al Joyce apesadumbrado de “Los Muertos” que no concede resquicios para escapar de un triste destino.

Mi hijo murió ayer por la noche -ahora volveré a estar de nuevo sola, si es que tengo que seguir viviendo-. Mañana vendrán unos hombres desconocidos vestidos de negro, toscos, cargados con un ataúd y colocarán dentro a mi pobre hijo, mi único hijo. Quizá también vengan unos amigos y le pongan unas coronas de flores, pero, ¿qué sentido tienen unas flores en el ataúd? Me consolarán, me dirán cualquier cosa, palabras, palabras; ¿de qué me servirá? Sé que después tendré que volver a estar sola, y no hay nada más terrible que estar sola cuando estás rodeada de gente

Amar no es suficiente y el amor del escritor está dividido en demasiadas personas (especialmente mujeres, lo que a ella le atormenta doblemente). Tal vez el momento de más luz en tan sombría historia llegué cuando la protagonista (aún niña) vea la casa del objeto de su deseo. Al pisarla, se recrea en cada objeto, en cada mota de polvo sobre su muebles. Ver su mundo le permite imaginar su rutina: cuándo abandona la cama, cuándo escribe, cuándo lee una carta…

… y así pude ver el interior de tu piso -no podrías imaginar con qué respeto, con qué devoción-: tu mundo, el escritorio donde trabajabas con un jarrón de cristal azul, tus armarios, tus cuadros, tus libros…

El breve relato (contenido en menos de 70 páginas) culmina de un modo trágico. Zweig era consciente de que la vida y los sueños pertenecen a mundos opuestos. Años más tarde, en 1948, Max Ophuls dirigió una obra capital inspirada en el libro del autor austriaco. En la última escena a su protagonista (Louis Jourdan) le tiemblan las manos hasta dejar caer la carta de aquella íntima desconocida. A ella (Joan Fontaine) también le temblaron cuando escribió su confesión. Vivir duele, sí, pero sentir duele mucho más…


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A los Desubicados…

Diciembre 13, 2008 · 4 comentarios

Todos tenemos dos vidas, la verdadera, esa que soñamos y la falsa, esa que vivímos. Empiezo a conocerme, ya no existo

Fernando Pessoa

Sá-Carneiro le escribía su creciente desasosiego a Pessoa desde Paris. En ocasiones enviaba varias cartas al día que llegaban a Lisboa salteadas. Pessoa, muy preocupado, trataba de contestar cada misiva según iba llegando. Un “Yo no se vivir” de Pessoa contestaba otro “Me ahoga vivir” de Sá-Carneiro. Cuándo la noticia del suicido de Mário de Sá-Carneiro llega a oídos de Pessoa, éste se rompe. No volvió a ser el mismo después de ser testigo de la caída de un amigo. En sus últimos meses de vida no comía apenas, gastaba todo el dinero que sus amigos introducían distraidamente en sus bolsillos en aguardiente. Murió a los 47 años, por entonces su madre se había hecho cargo de él dados sus numerosos problemas de salud derivados de la cirrosis que él alimentaba.

No soy nada

Nunca seré nada

No puedo querer nada

A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo

(…)

Fallé en todo.

Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.

Tabacaria




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¡¡Scarlett!!…

Noviembre 30, 2008 · Dejar un comentario

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Castillos en el aire…

Noviembre 29, 2008 · 2 comentarios

Esta mañana, sobre las nueve, la galerna soplaba con fuerza en Suburbia. Tanta que el aguanieve que caía se evaporaba antes de llegar al suelo. Al pasar, camino del metro, por el parque en el que suelo leer, me he fijado en que el indigente que hace pocas semanas se aposentó unos metros más allá de “mi banco”, ha adornado su rudimentaria tienda de campaña con una especie de torreón de cartón adosado en la parte superior de la entrada. Mi hogar es mi castillo supongo que quiere decir con palabras mudas. Podría haberlo fotografiado, pero no pienso restarle un gramo de dignidad más a los muchos de humanidad que seguramente ya ha perdido.

El cine suele representar a los homeless de modo entre paternalista y compasivo. Gran error, pues nada hay peor que inspirar en los demás el sentimiento de lástima. En ocasiones son dibujados como seres orgullosos e integros. Casi siempre, en cualquier caso, despiertan en el mundo de mentira las mismas simpatías como rechazo experimentan los autenticos desarrapados.

En honor de todos aquellos que duermen en bancos, en paradas de metro o en tiendas de campaña coronadas con torreones de cartón, va dedicada esta galería de desheredados de cine…

AMERICAN HEART (1992)

Con intenciones hiperrealistas poco cuajadas, “American Heart” cuenta la historia de un ex presidiario totalmente envilecido (Jeff Bridges) que trata inútilmente de desprenderse de la presencia de su hijo. Dirige Martin Bell, documentalista buen conocedor de la vida en las calles y del entramado que conforma la basura blanca. El experimento, prometedor, no salió del todo bien. Sin embargo, Edward Furlong (que apuntaba hacia una memorable carrera) debió meterse de lleno en su personaje porque su caída en los infiernos parece no tener fin.

EL SANTO DE FORT WASHINGTON (1993)

Hay muchos momentos de cruda y negra belleza en esta película como el instante en el que una vieja conocida de Matt Dillon se sorprende al verle viviendo en las calles y le dice que él era tan prometedor. El pudo ser y no fue.

Un joven con brillante porvenir (Dillon) recibe un día la visita de la esquizofrenia. Su familia no tardará en deshacerse de él, y él no tardará en escapar del psiquiátrico para vivir en las calles junto a un veterano de Vietnam (Danny Glover) que le adoptará e intentará adoctrinarle sobre lo que le espera ahí fuera. Pero el carácter bondadoso del recién llegado le jugará malas pasadas en un mundo que no concede treguas. Una hermosa y olvidada parábola sobre la ausencia de malicia.

ENTRE PILLOS ANDA EL JUEGO (1983)

Para un cínico con tendencia a reírse de todo como terapia (John Landis) la naturaleza humana sólo puede explicarse de un modo. Y el modo es la historia de cómo los muchimillonarios hermanos Duke juegan a ser dioses, destruyendo vidas y creando otras a su antojo. Sin pausa, cada estadio del alma humana es escrutada con un sonrisa en la boca y una frase memorable que la soporta. Diálogos como: “Los negros son muy musicales” o “He perdido la apuesta. Aquí tienes tu dolar” inciden en que los que tienen el poder carecen de corazón y en muchas ocasiones de cerebro. La base rousseniana de su malévolo experimento consiste en desposeer al que todo lo tiene (dinero, novia pija y bonita, un futuro empresarial brillante) y dárselo a un indigente para probar que el éxito está mediatizado por la cuna. No era necesario gastar un dolar para resolver tal dilema.

TALLO DE HIERRO (1987)

Francis (Jack Nicholson) lo tenía todo: Una bonita casa, era un jugador de béisbol reconocido, estaba casado con la mujer a la que siempre había querido y ahora esperaba un hijo. Nada podía ser mejor de lo que era. Hasta que el niño nació y un día se escurrió de entre sus manos. Tanto él como el bebé murieron en el acto. Sólo que él respiraba y recorría las calles como alma en pena siempre en busca de la redención y con una botella de whiskey adosada a su mano.

La novela es extraordinaria. La película no. Héctor Babenco, su reputado director, no encontró motivos ni claves para conectar con la historia y el gran esfuerzo interpretativo de Nicholson no sirvió de mucho.

JUAN NADIE (1941)

Lo que más le gustaba a Capra era someter a sus personajes a terribles humillaciones antes de redimirlos. En “Juan Nadie” esa obsesión suya alcanzó niveles desconocidos. Como punto de partida tomó a dos vagabundos que no tenían nada que ofrecer y les hizo rendirse ante la idea de un plato de comida caliente. Después les condujo por caminos ilusionantes de quimeras sociales imposibles. Finalmente situó a John en la azotea del edificio del ayuntamiento un 31 de diciembre. Sin concesiones, salvo al final, Capra lanza un discurso sobre la desesperanza y la ausencia de objetivos.

EL REY PESCADOR (1991)


La caída en desgracia de un popular presentador de radio le sirvió como excusa a Gilliam para retratar el mundo indigente de la gran manzana y la influencia del azar.

Parry (Robin Williams), feliz profesor universitario, pierde a su esposa después de que un pirado ametralle a los clientes de un restaurante. Abandonado de sí mismo, acaba en las calles convencido de ser un caballero medieval con una misión que llevar a cabo: encontrar el santo grial. Por su parte, Jack (Jeff Bridges), soporta su propia cruz como instigador involuntario de aquella tragedia. El azar hará que se encuentren y que sus vidas retomen el rumbo norte que una vez se perdió.

MY MAN GODFREY (1936)

Un mendigo residente bajo un puente es el objetivo de la ginkana de dos hermanas ricas decididas a encontrar un pobre antes que la otra. Godfrey (William Powell) observará desde ese día el irreal mundo en el que vive la alta sociedad neoyorkina en plena depresión. Godfrey no quiere limosna, quiere un trabajo e Irene (Carole Lombard) se lo proporcionará. El tiempo hará el resto.

Un templo de la screwball que dirigió un genio hoy día olvidado, Gregory Lacava. Imprescindible.

PLACIDO (1961)

Con su habitual mala leche, Luis García Berlanga se mofa de la hipocresía y del espíritu navideño que tanto aflora por tan fatídicas fechas. Para ello toma a un grupo de señoras bien de provincias dispuestas a “poner un pobre en su mesa” el día de navidad para demostrar cuán piadosas son.

Mala hostia sin envasar y lista para ser consumida.

MI IDAHO PRIVADO (1991)

Dos jóvenes que ejercen como chaperos para sobrevivir escenifican la puesta al día de la tragedia shakespiriana de Falstaff. Oseasé, hoy somos amigos, mañana no. Todo es cuestión de galones.

Mike (River Phoenix) no tendría dónde caerse muerto de no ser porque padece de narcolepsia, lo que hace que se sumerja en un profundo sueño cuando las situaciones de estrés se agudizan. Scott (Keanu Reaves) es un niño rico que ha optado por vender su cuerpo como señal de rebeldía contra su padre. Scott se enamora de Mike y Mike se da cuenta de que está a punto de perder a la única persona que le ha importado en su vida. Al final, uno acabará dirigiendo las fábricas de papá, otro tumbado en una carretera. Así es la vida.

ESTA TIERRA ES MI TIERRA (1976)

Aplaudido biopic del gran Woody Guthrie ambientado en la época de la gran depresión. Por entonces, Guthrie decidió conocer la realidad de su país y el resultado fue descorazonador. Pobreza, pobreza y pobreza es lo único que encontró. Compuso montones de canciones que elogiaban la grandeza del skyline de los States y muchas más sobre el dolor de los que nada tienen.

CANNERY ROW (1982)

Inspirada parcialmente en la leyenda de Joe “Shoeless” Jackson, David S. Ward dirigió una extraordinaria película maldita basada en los relatos de John Steimbeck. En ella se cuenta la historia de Doc (Nick Nolte), biólogo marino que trata de ocultar su pasado como jugador de béisbol y una vida privada muy adversa. Para evitar ser reconocido, vive en el barrio de las putas, los jugadores y los vagabundos del pequeño pueblo californiano de Cannery Row. En su opaca cotidianeidad, Doc se enamora de Suzy (Debra Winger), prostituta malhablada y de buen corazón. Romperán mil veces. Volverán a unirse otras mil. Entre tanto, no son pocos quienes sospechan de ese tipo extraño que vive en los arrabales.

Más que recomendable película sobre pasados oscuros y futuros por construir. Se dice que en su día fue mutilada docenas de veces. Una pena…

Y fin…

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La Muerte del Principito…

Noviembre 28, 2008 · 4 comentarios

No hace demasiado tiempo que se dio a conocer el contenido de la última carta escrita por Antoine de Saint-Exupéry. Su contenido estremece…

No hay más Principito, hoy día ni jamás. El Principito está muerto o se volvió totalmente escéptico. Un Principito escéptico no es más un Principito. Estoy resentido con usted por estropearlo. No habrá más cartas, teléfono ni señal. No fui prudente ni pensé que arriesgara pena, pero me lastimé en el rosal cogiendo una rosa. El rosal preguntará: ¿Qué importancia tenía para usted? Ninguna, rosal, ninguna. Nada importa en la vida. No hay más vida. Adiós rosal

La destinataria de tan agrias palabras era una joven de 23 años, oficial del ejercito francés, casada y embarazada. Al parecer, no había correspondido a los apasionados acercamientos del escritor francés, provocando la amargura y el desdén en Saint-Exupéry. Dos meses después de escribir aquella misiva, el avión del escritor caía en el Mediterráneo. En un principio nadie se atribuyó el derribo, lo que hizo pensar en un accidente a los mandos militares franceses. También corrió paralela la posibilidad de que se tratase de un suicidio, dado el alicaído ánimo que mostró sus últimas semanas de vida. Pero no se encontraron pruebas que señalaran en una u otra dirección. Sin embargo, la aparición en abril de 2004 de restos del fuselaje del Lightning P38 pilotado por el escritor mostraban claras señales de haber sido derribado por balas enemigas.

Y así quedó todo hasta que en marzo del presente año, Horst Rippert, antiguo piloto de la Luftwaffe, desveló cualquier duda…

Yo derribé a Saint-Exupéry. Todo ocurrió cerca de Toulon. Él volaba 3.000 metros más alto que yo, que estaba efectuando una misión de reconocimiento. Vi sus insignias tricolores y maniobré para instalarme a su cola y derribarle. No hizo nada por evitarme, ni siquiera intentó una maniobra evasiva. Se quedó enmedio y yo disparé como era mi deber. El trasto se fue al agua, no tuvo tiempo para reaccionar

Apenas dos días antes de su muerte, el coronel Chassin, alertado de la baja moral de Saint-Exupéry por sus amigos, escribió en su diario:

Me encontré con un hombre de corta edad, apenas 44 años, y mucha vida por delante; una vida que, además, había recibido numerosos golpes. Esto se advertía en su piel. Le dije: “Usted ya se puede retirar con todos los honores”. Su respuesta no se hizo esperar: “No, coronel. Me quedaré con mis compañeros hasta el final”


Y tendido sobre la hierba, el Principito lloró

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Y en este momento llueve sobre el corazón de alguien…

Octubre 31, 2008 · Dejar un comentario

Una mañana, Natalie (Shirley Knight) cogió algo de ropa, algo de dinero y se marchó de casa. Hacía pocos días que le habían confirmado que estaba embarazada de pocas semanas. Inició entonces un viaje a través de América tratando de encontrar un motivo para justificar el nacimiento de su hijo. Entre las personas que conoció durante su viaje se encontraba Jimmy (James Caan), el mejor jugador de football de su univerdad… al menos hasta que un placaje traicionero bajó su coeficiente de inteligencia treinta puntos. Le recogió en su coche un día de lluvia en el que hacía dedo. No tardó en darse cuenta de que a cada cosa que le pedía que hiciera, él la correspondía con hechos…

Natalie: “¿Siempre haces lo que la gente te pide?”

Jimmy: “Sí. Es fácil, no me cuesta nada y les hago felices”

La escena en la que Natalie llama por teléfono a su marido para decirle que se encuentra bien, con ella desnuda en la penumbra, forma parte la memoria sentimental de todos los que alguna vez han recurrido a la terapia de las persianas bajadas.

“The Rain People” (Llueve sobre mi corazón), la película más atípica de Francis Ford Coppola, no trata de indagar en las razones que llevan a las crisis personales o existenciales. El director italo-americano se limita a observar. Jimmy es bondadoso, por lo tanto es retrasado; Natalie está perdida, por lo tanto es una víctima. Son los únicos cartuchos que gasta. Para el resto, las palabras sobran…

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