Posts filed under 'De letras...'
Ceniza…
Volvió al bosque y se arrodilló al lado de su padre. Estaba envuelto en una manta como el hombre le había prometido y el chico no lo destapó sino que se sentó a su lado y ahora estaba llorando pero no podía parar. Lloró mucho rato. Te hablaré todos los días, susurró. Y no me olvidaré. Pase lo que pase. Luego se levantó y dio media vuelta y regresó a la carretera.
La Carretera – Cormac McCarthy
¿Qué es La Carretera?, me preguntaron hace dos semanas.
Y el escalofrío volvió.
La Carretera es la arteria que alimenta de muerte a las cenizas que adornan sus costados. Es el espejo que refleja la naturaleza humana de los que piensan que vivir merece la pena a cualquier precio. La revelación final del infierno de Dante, sin círculos ni palabras ni redención posible. Solo cenizas y gris.
Tras una devastación no especificada por el autor (seguramente una deflagración nuclear) un padre y un hijo vagan por La Carretera en ruta hacia el mar, el sur o ninguna parte. En su viaje se ocultan de las bandas de rapiña que tratan de hacerse con los escasos alimentos que aún no se han malogrado; de los canibales que devoran bebés en presencia de sus padres; de buscavidas ciegos sin mayor objetivo que dar un paso más antes de hincar la rodilla. Con una economía sublime de palabras pero rica en descripciones, Cormac McCarthy muestra un paraje estremecedor sin llegar a involucrase emocionalmente con sus personajes. Lega a quien quiera leer su visión última de un mundo más allá de la crueldad que en alguna esquina aún conserva El Fuego.

4 comments Noviembre 20, 2009
Memoria…
C. S. Lewis: ¿Qué me está ocurriendo, Warnie? Ya no puedo verla. Ya no puedo recordar su cara.
Warnie: Es debido al shock.
C. S. Lewis: Tengo tanto miedo de no volver a verla. De pensar que el sufrimiento no es más que sufrimiento. Sin causa, sin propósito, sin sentido…
Tierras de Penumbra (1993)

UN ROSTRO
Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver. Cuando miras su rostro -por pasión, por necesidad como la de respirar- sucede, y de esto te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero sí lo miraste, sí lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda.
Alejandra Pizarnik
Add comment Octubre 17, 2009
Ergo…
Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los pájaros rojos. Al más hermoso le digo:
-Te voy a regalar a no sé quién.
-¿Cómo sabes que le gustaré? -dice.
-Voy a regalarte -digo.
-Nunca tendrás a quien regalar un pájaro -dice el pájaro.
Niña en Jardín – Alejandra Pizarnik
2 comments Septiembre 25, 2009
Insaciable Warren…
Abogado: Y volviendo a la fiesta en casa de Katzenberg, ¿recuerda qué pasó a continuación?
Mickey Mouse: El pato Donald se emborrachó y le tiró los dejos a Nicole Kidman. Fue bochornoso, porque entonces Tom Cruise y ella aún estaban casados. Donald estuvo bastante hostil con Tom, recuerdo. En su opinión, ofrecían a Tom todos los papeles que quería él. Recuerdo que el señor Eisner se llevó a Donald al jardín para tranquilizarlo.
Abogado: ¿Recuerda qué sucedió después?
Mickey Mouse: En el jardín de la casa del señor Katzenberg, Donald conoció a Petunia. La encontró guapísima y muy interesante, y me consta que les apasionaban los mismo grupos musicales. Y Donald siempre ha tenido problemas para controlar la ira. Llevaba años tomando Prozac, convencido de que su carrera se había estancado y pronto terminaría en la carta de un restaurante cantonés. Pese a desaconsejárselo el señor Eisner, Donald empezó a verse con la novia de Porky a escondidas.
Abogado: Por lo que usted sabe, ¿cuánto tiempo duró la aventura?
Mickey Mouse: Alrededor de un año. Entonces, Petunia dijo a Donald que no podía seguir viéndolo porque se había enamorado perdidamente de Warren Beatty, y él de ella. No sé si recuerda que Warren la llevó al Festival de Cine de Cannes.
Pura Anarquía – Woody Allen


Add comment Septiembre 25, 2009
Grutas, paredes, nadadores…
Para Óscar Pérez
“No es tanto el oro lo que ansío como el hecho de encontrarlo”
Robert Service - “The Spell of the Yukon”
Ahora, en la gruta, lo que no quería perder era su belleza, su gracia, aquellas formas. Ya tenía -eso lo sabía- su ser en sus manos.
Era un mujer que, cuando se maquillaba, trasformaba su rostro. Al entrar en una fiesta, al meterse en la cama, se había pintado los labios de color sangre y los ojos de bermellón.
Él alzó la vista hacia la única pintura rupestre que había en la gruta y le robó los colores. En la cara le puso ocre y en torno a los ojos azul. Cruzó la gruta con las manos impregnadas de rojo y le pasó los dedos por los cabellos y después por toda la piel, por lo que la rodilla que había asomado del avión el primer día pasó a tener color azafrán.
Ya hacía frío en la gruta. La envolvió en el paracaídas para que entrara en calor. Encendió un pequeño fuego, quemó las ramitas de acacia y dispersó el humo hacia los cuatro rincones de la gruta. Se dio cuenta de que no podía hablarle directamente, por lo que habló con comedimiento y procurando superponer su voz a la resonancia de las paredes de la gruta. “Ahora me voy a buscar ayuda, Katherine. ¿Entiendes? Cerca de aquí hay otro avión, pero no tiene combustible. Tal vez me encuentre una caravana o un jeep y en ese caso regresaré antes. Volveré”. Sacó el volumen de Herodoto y lo dejó junto a ella. Era septiembre de 1939. Salió de la gruta, del resplandor del fuego, y penetró en la obscuridad y en el desierto inundado por la luna.

El Paciente Inglés – Michael Ondaatje
4 comments Agosto 18, 2009
El Instante…
Va vestida con ropa sencilla, apenas maquillada, el pelo corto, con un estilo que ya no se lleva, y sin embargo, piensa Nick, tiene un rostro tan fascinante, tan dolorosamente joven y sin reservas, evoca (se le ocurre de pronto) tal despliegue de esperanza y energía humana liberada, que por un momento llega a faltarle la respiración. Eso es precisamente lo que me sucedió a mí la primera vez que vi a Grace -una sacudida que me dejó paralizado, incapaz de tomar aliento-, de manera que no me resultó difícil trasladar esos sentimientos a Nick Bowen e imaginarlos en el contexto de otra historia.
[...]
Casualmente yo también conocí a Grace en una editorial, lo que podría explicar el motivo de que decidiera dar a Bowen el trabajo que tenía. Fue en enero de 1979, poco después de acabar mi segunda novela.
[...]
Entonces fue cuando Betty Stolowitz cogió el teléfono de encima de su escritorio y me dijo: “¿Por qué no llamamos a Grace, para que venga y nos diga lo que le parece?” Resultó que Grace trabajaba como diseñadora gráfica en Holst y McDermott y le habían encargado la cubierta de “Autorretrato con hermano imaginario”, título de mi librito de fantasmas, ensueños y angustias de pesadilla.
Betty y yo seguimos hablando tres o cuatro minutos más, y entonces Grace Tebbetts hizo acto de presencia en el despacho. Se quedó alrededor de un cuarto de hora y, cuando salió para volver a su despacho, yo ya estaba enamorado de ella.

La Noche del Oráculo - Paul Auster
Add comment Julio 5, 2009
Alas…
A ella le gustaba acariciar las dos marcas perpendiculares de nacimiento que tengo tatuadas en mi espalda.
“Te están creciendo alas”
Es lo mismo que decía mi madre cuando era pequeño: “Te están creciendo alas”. Un día, preso de la curiosidad, me miré en un espejo. Dos manchas curvadas y rojizas nacían en la parte baja de mi homoplato para morir señalando hacia mi esternón. Parecían marcas de alas, es cierto, pero nunca crecieron.
La Quinta del 57 – William Heyen.
Add comment Julio 1, 2009
Jaculatorias…
CONFESIÓN
Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama
Me da tanta pena
Mi mujer
Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra.
“!Hank!”
Hank no
Responderá.
No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.
Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado
Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:
Te amo.

Charles Bukowski
Add comment Junio 27, 2009
243 minutos…
Y esto es para ella…
Viernes 23 de agosto
Le quise dar una sorpresa. Me puse a esperarla a una cuadra de la oficina. A las siete y cinco la vi acercarse. Pero venía con Robledo. No sé qué le diría Robledo; lo cierto es que ella se reía sin trabas, realmente divertida. ¿Desde cuándo Robledo es tan gracioso? Me metí en un café, los dejé pasar y después empecé a caminar a unos treinta pasos detrás de ellos. Al llegar a Andes se despidieron. Ella dobló hacia San José. Iba al apartamento, claro. Yo entré en un cafecito bastante mugriento, donde me sirvieron un cortado en un pocillo que aún tenía pintura de labios. No lo tomé, pero tampoco le reclamé al mozo. Estaba agitado, nervioso, intranquilo. Sobre todo, fastidiado conmigo mismo. Avellaneda riéndose con Robledo. ¿Qué había de malo en eso? Avellaneda en una simple relación humana, no meramente oficinesca, con un tipo que no era yo. Avellaneda lejos de mí, Avellaneda viviendo por su cuenta. Claro que no había nada malo en todo eso. Pero la horrible sensación proviene quizá de que ésta es la primera vez que entreveo conscientemente la posibilidad de que Avellaneda pueda existir, desenvolverse y reír, sin que mi amparo (no digamos mi amor) resulte imprescindible. Yo sabía que la conversación entre ella y Robledo había sido inocente. O quizás no. Porque Robledo no tiene por qué saber que ella no es libre. Qué idiota, qué cursi, qué convencional me siento al escribir: “Ella no es libre”. ¿Libre para qué? Acaso la esencia de mi inquietud sea haber comprobado esto, nada más: que ella puede sentirse muy cómoda con gente joven, especialmente con un hombre joven. Y otra cosa: esto que vi no es nada, pero en cambio no es mucho lo que entreví, y lo que entreví es el riesgo de perderlo todo. Robledo no interesa. En el fondo, es un frívolo que jamás llegaría a interesarle. Salvo que yo no la conozca en absoluto. Bueno, ¿la conoceré? Robledo no interesa. Pero ¿y los otros, todos los otros del mundo? Si un hombre joven la hace reír, ¿cuántos otros pueden enamorarla? Si ella me pierde un día (su única enemiga puede ser la muerte, la maliciosa muerte que nos tiene fichados), ella tendría su vida entera, tendría el tiempo en sus manos, tendría su corazón, que siempre será nuevo, generoso, esplendido. Pero si yo la pierdo un día (mi único enemigo es el Hombre, el Hombre que está en todas las esquinas del mundo, el Hombre que es joven y fuerte y que promete) perdería con ella la última oportunidad de vivir, el último respiro del tiempo, porque si bien mi corazón se siente ahora generoso, alegre, renovado, sin ella volvería a ser un corazón definitivamente envejecido.
[...] Creo que me temblaba la mano cuando hice girar la llave de la cerradura. ‘¿Cómo llegaste tan tarde?’, gritó desde la cocina. ‘Estaba esperandote para contarte la última locura de Robledo, ¡qué tipo! Hacía años que no me reía tanto’. Y apareció en el living con su delantal, su pollera verde, su buzo negro, sus ojos limpios, cálidos, sinceros. Ella no podrá saber nunca de que me estaba salvando con esas palabras. La atraje hacia mí y mientras la abrazaba, mientras aspiraba el olor tiernamente animal de sus hombros a través del otro olor universalmente de lana, sentí que el mundo empezaba de nuevo a girar, sentí que podía relegar otra vez a un futuro lejano, todavía innominado, esa amenaza concreta que se había llamado Avellaneda y los Otros. ‘Avellaneda y yo’, dije, despacito.
El siete de agosto de 2006, Amaya (ex-desconvencida), escribió sobre una novela de Mario Benedetti que no había leído, “La Tregua”. Mi comentario a su posteo fue torpe e idiota, pero recordé, en marzo de 2008, aquella novela que ella aseguraba especial. La rapté de una biblioteca “oculta” y la leí entre marzo y abril de 2008. Y no fue hasta diciembre de ese mismo año que pude agradecerle, de un modo material, el haber llenado mi vida de lágrimas dulces durante un periodo repleto amargura. Luego apareció ella y me contó y me dio y salvó una vida que no vale nada.
Los milagros ocurren dos veces en ocasiones, ahora lo sé. Y es para ella, chica pamplonesa, que me hablaste largamente de este fragmeto una noche junio, para quien va dedicado este posteo.
4 comments Junio 24, 2009
Lo singular y la felicidad…
El río cruza el corazón del pueblo. Mientras el chico se dirige hacia su trabajo en la tienda de pienso, observa el agua moverse lentamente en grandes placas verdes. Piensa en Mina. Sabe perfectamente cómo se llama. Pronuncia su nombre para sí mismo y sonríe. El sonido del nombre le hace reír; le empuja a un pequeño trote y chuta una lata de cerveza aplastada que rueda hacia la orilla rocosa. Le sorprende cómo el simple hecho de pensar en ella le altera la respiración. Empieza a correr hacia la Misión, más allá de la tienda de sillas de montar, pasando por delante del pitbull que siempre se le tira encima, y luego se echa para atrás ladrando cobardemente cuando él se para de golpe y se encara con él. Se ríe de su poder de control sobre los perros y sigue corriendo. Puede sentir la cintura de Mina, sus costillas bajo el vestido fino de algodón, la manera como su espalda empieza a sudar cuando él le acaricia los pechos. Siente el sabor de su cuello y el profundo temblor de su pecho cuando ella se le acerca y lo rodea con la pierna, muy arriba, susurrando en español en su oído.

El Gran Sueño del Paraíso – Sam Shepard
Add comment Junio 20, 2009