La Cosa Funciona…
Noviembre 11, 2009
No, Woody Allen no se ha hibridado con un tipo francés, seguidor de Rohmer y tan vacuo en su discurso como en la profundidad de sus personajes. Tras su desigual experiencia europea (las dos últimas películas que dirigió son directamente catastróficas) regresa a los States, a su Brooklyn natal, con “Si la Cosa Funciona” para verter toda su bilis nihilista a través de Boris Yellnikoff (Larry David), físico autoproclamado genio con nula habilidad social que observa el mundo desde la cloaca en la que cree merece habitar el ser humano. Toda su percepción de la realidad cambiará al cruzar su camino con el de Melody (Evan Rachel Wood), desamparada veinteañera que impregnará al misántropo con su inocencia lo suficiente como para dejar paso a otros colores que al añil que tiñe su vida.
Allen toma un viejo guión olvidado en un cajón para encajar de nuevo en el barrio que abandonó hace años. Sus personajes siguen siendo neuróticos e inseguros que tratan de vencer al miedo apoyandose los unos en los otros. Desde luego, la muerte y el sexo siguen teniendo su momento. Y con frecuencia se habla del amor y del milagro que supone el que dos personas se necesiten. Y si no ocurre el prodigio de que alguien crea en ti, siempre quedará una ventana desde la que saltar para vencer al vértigo y tal vez para creer que las señales incluso a veces saben guiar. El discurso de Allen es el del anciano de 74 años que aún piensa que si la cosa funciona no se pierde nada en seguir la cuerda hasta topar con el muelle. He ahí su propio milagro: sigue creyendo.
Todo funciona en la película. Buen ritmo, buenos actores (alguno de ellos mejor de lo que siempre fue), buena historia y esperanzador final. Lo suficiente, espero, como para que Boris acorte su ritual de lavarse las manos a un único cumpleaños feliz. Mezclar (que no agitar, ya lo dijo James Bond) todo ello con delicadeza et voilà… aparecerá Woody Allen como por obra de ensalmo. Supongo que siempre estuvo ahí, pese a que el aire no viciado de Nueva York le ocultase de nuestra vista. Apunten una muesca más.

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1.
troyana | Noviembre 11, 2009 at 8:00 am
Me ha encantado esta última comedia de Allen,no pude menos que dedicarle una entrada.Frescura y detrás de ese discurso nihilista y esceptico,un final como dices esperanzador,que en las películas no hay cosa que me guste más.Aún descarnadas,profundas,no les perdono no dejen un halo de luz.W.Allen por encima de la crisis,de estar inmerso en una sociedad neurótica con la que no termina de reconciliarse,deja patente su fe en el milagro,en las casualidades,en la magia que se esconde bajo el aparente caos…es una maravilla esta vuelta a su Manhatan natal.
bsts
2.
antarcticastartshere | Noviembre 11, 2009 at 8:51 am
Lo es. Es una maravilla de fantasía en celuloide. La mayoría de gente a su edad ha perdido la fe, pero él la mantiene a flote y contagia a sus personajes de una esperanza que convierte en iluso y víctima a quien la muestra. La escena en la que el padre de Melody descubre que es gay en un bar (un secreto para él, que no para el resto del mundo); el caos coherente del apartamento de Boris; sus crisis existenciales (Voy a morir, voy a morir, y ale, por la ventana para acelerar el proceso); el modo en que cambia su forma de entender a las personas; esa madre que se descubre a sí misma al ir en busca de su hija… Una delicia.
Besos, Troyana.
3.
emilio | Noviembre 11, 2009 at 2:02 pm
Únicamente por la festividad de la última escena vale la pena ver la película. Antes de que eso suceda Woody Allen se ha dedicado a contarnos cómo debemos vivir para que vivir no sea un engorro, una incomodidad, un desvarío, un sinsentido. Como vivir es todo eso (todo junto e incluso todo a la vez) yo celebro Si la cosa funciona como una fiesta de los sentidos. Como una fiesta del alma. Sí, sé que soy excesivo. No es una película excelente. Ni mucho menos. Lo que es excelente o magnífico o sublime o lo que tú quieras es lo que cuenta, la gozosa dicha de lo contado. Dan ganas de vivir. Me dieron muchas. Película para depresivas con sensibilidad.
4.
antarcticastartshere | Noviembre 14, 2009 at 7:07 am
Ellas y ellos, Emilio. La última escena es la felicidad. Un grupo que comparte experiencias, unas copas. Nadie sobra, nadie falta. Allen tiene una especial habilidad para rodar situaciones intimistas como ésa. La excelencia no la muestra un montaje perfecto ni un guión pulido. Lo hace la pasión que le sobra a Allen en esta ocasión. Dan ganas de vivir, sí. De correr a la salida del cine. No todo está perdido.
5.
emilio | Noviembre 11, 2009 at 2:02 pm
depresivas y depresivos.
todos en comandita.
6.
Mycroft | Noviembre 11, 2009 at 7:01 pm
Ya lo dije. Aparentemente menor, pero tal vez una de las pelis más grandes de Allen. Funciona a varios niveles, del cómico, costumbrista, al directamente existencial, en dónde confronta la racionalidad de ver la negrura del mundo, con la pura voluntad de vivir.
7.
antarcticastartshere | Noviembre 14, 2009 at 7:04 am
De lo mejor de Allen en los últimos quince años. Estoy de acuerdo contigo en que es una película “tapada“, que merece más atención de la que ha recibido. Una necesidad cubierta para los que le echabamos en falta.
8.
Mar | Noviembre 14, 2009 at 1:10 pm
Yo estaba el otro día viendo Sleeper, que fíjate tú que tiene sus años, y al final me hizo gracia una cosa que dice Miles (W. Allen) y que me ha recordado un poco a ese toque inconfundible que tiene. Era algo así a “yo sólo creo en el sexo y en la muerte”. Y me hizo mucha gracia. En fin, tal vez un día de estos pueda ver este nuevo estreno.
Y perdonad que no sea una transcripción muy fidedigna pero bueno, para eso estáis los cinéfilos como tú.
9.
antarcticastartshere | Noviembre 15, 2009 at 9:53 pm
Yo lo que más recuerdo de ésa película es el Orgasmatrón. Bueno, y el gag de los descendientes de españoles también. De todos modos, el sexo y la muerte son dos de las tres cosas en las que creo. A ver si puedes ver ésta. Te gustará…